Fuera de radar


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Off-shore como condición: zonas económicas especiales y los préstamos chinos

Por Antulio Rosales

Hace un tiempo escribí sobre el acuerdo del gobierno venezolano con empresas chinas para crear Zonas Económicas Especiales en territorio nacional. Poco se sabía en ese momento acerca de los detalles del acuerdo. No aparecieron en Gaceta Oficial, pero dos meses después, con la aprobación expresa de un número aún incierto de Leyes por la vía Habilitante, aparece un instrumento legal que permite la creación de estas Zonas.

El gobierno venezolano se habría estado comprometiendo con China en septiembre a constituir Zonas de producción bajo tratamiento especial para sus empresas meses antes de que existiera un marco legal que lo permitiera. Cabe preguntarse si Maduro estaba al tanto de que firmaba convenios que contravenían el marco jurídico nacional. ¿Cuál habrá sido la intención de suscribirlos antes de siquiera tener una Ley que los contemplara? Como es poco lo que se conoce acerca de los convenios, éstos son quizás simples declaraciones de intención mientras se aprobaba la Ley.

Se abre así un espacio de especulación, pero lo que sí está claro es que en estos dos meses han ocurrido acontecimientos relevantes para la relación entre ambos países. Primero, el precio del petróleo ha bajado considerablemente. Ello provocó la renegociación de los términos de la deuda que Venezuela tiene con China. Una deuda que se paga con envíos de petróleo diarios, contados al precio de mercado, aumenta si el producto con el que se paga tiene una merma en su valor. Venezuela habría tenido que elevar su envío de petróleo si quería cumplir su compromiso y evitar la cesación de pagos. Quizás elevar el volumen de exportación sería muy oneroso o incluso imposible dada la capacidad instalada para la producción. Así, Venezuela solicitó efectivamente una renegociación de la deuda que flexibilizara sus términos. Fueron semanas de discusiones entre diversos analistas sobre los distintos grados de bancarrota, y así Venezuela siguió honrando a sus acreedores de Wall Street, pero reestructuró su deuda con China.

Luego, Maduro anunció que el ministro de economía y finanzas, Rodolfo Marco Torres, iría pronto a China a buscar nuevos acuerdos de financiamiento. Otros acuerdos siguen aflorando, sobre todo en la importación de bienes y construcción de hogares y escuelas. Tiempo atrás, Maduro había enfatizado que los préstamos provenientes de China no implicaban condiciones. Se refería a ciertas condiciones que caracterizaron las deudas con el FMI y el Banco Mundial en los noventa: “el financiamiento que nos da China no está condicionado a paquetes económicos, ni a paquetes de sometimiento social, ni a negación de derechos fundamentales de nuestro pueblo”. Cualquier deuda, más una que asciende los 50 mil millones de dólares tiene condiciones para el que la adquiere. Y la primera y más básica para Venezuela es que paga con petróleo. Luego, hay otras condiciones hasta ahora desconocidas.

El off-shore que suponen las ZEE podrían ser parte del paquete de condiciones que impone China para continuar los empréstitos y flexibilizar los existentes, ante la baja de la cesta de crudo venezolano. A eso hay que sumar como condiciones suaves los ingentes contratos que adquieren empresas chinas para la construcción, pero también la importación masiva de productos de línea blanca, marrón, vehículos particulares y de transporte.

No hace falta tanto, Nicolás, pero ya que insistes.

No hace falta tanto, Nicolás… pero ya que insistes.

Haciendo una revisión de la Ley de Regionalización Integral para el Desarrollo de la Patria (sí, así se llama), ésta estipula además de la exención de impuestos, liberación de restricciones aduaneras para la importación de materia prima y otros estímulos, la obligación de ‘satisfacer el mercado interno’. Sin embargo, las empresas operativas solo podrán vender sus productos a la limitada cadena de empresas del Estado o cadenas establecidas por las propias empresas, sus casas matrices, o destinar la producción a la ‘libre exportación’. Manera rebuscada de decir que están ahí para exportar. Así que se trata de enclaves de producción para la exportación y el comercio intra-industria (de vuelta a China), con total salvaguarda y exención de obligaciones normalmente impuestas por el Estado nacional. Este tipo de arreglos producen pocos beneficios si requieren bienes de capital y materia prima importada, ya que no generan encadenamientos productivos en las zonas donde están instaladas y, además, ni siquiera generan tributos al Estado. Escasamente proveerán ciertos empleos locales que las propias compañías consideren necesarios.

Es cierto, China en su papel de financista no impone que el Estado se ajuste a los fundamentos macroeconómicos del libre mercado; esa no es su agenda, al menos por ahora. Va más allá, obliga la efectiva retirada del Estado de manera selectiva para que sus empresas produzcan y exporten desde el territorio venezolano sin costo u obstáculo alguno.

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El off-shore bolivariano: entrando a la globalización con características chinas

Antulio Rosales

El gobierno venezolano firmó con empresas chinas varios convenios para crear Zonas Económicas Especiales, donde se asentarán estas compañías en territorio venezolano. Nicolás Maduro pactó con tres empresas chinas para producir grandes maquinarias, insumos para la construcción y vehículos de transporte. Las grandes compañías comenzarán a operar bajo tratamiento especial en zonas de producción en Puerto Cabello y en una zona no detallada del estado Anzoátegui.

Estas primeras empresas beneficiadas son Citi Construction, JAC Motors y Sany Heavy Industry. Las dos primeras vienen a satisfacer demandas del mercado interno para la construcción, sobre todo en la Gran Misión Vivienda Venezuela, y vehículos, mientras que la tercera tratará de aprovechar la ‘ventana exportadora’ de Mercosur y la zona Petrocaribe para suplir grandes maquinarias a estos mercados.

Máquinas Sany

Máquinas Sany

Justamente Sany es una empresa ejemplar del modelo chino de socialismo de mercado. No sólo ha tendido éxito para entrar entre las grandes compañías del mundo catalogadas por Forbres y líder en exportaciones en su sector, sino que además está estrechamente vinculada al poder político en China. Su fundador, Wengen Liang, fue elegido representante en el 17º congreso del Partido Comunista Chino, así como de las versiones octava, novena y décima; además, ha sido premiado por el Estado como el “Trabajador Nacional Modelo”, “Destacado Emprendedor” y “Destacado Constructor de una Sociedad Socialista con Características Chinas”. El anterior premier felicitó la labor de Sany y ha sido tratada como una consentida del estamento político y, claro está, también ha estado involucrada en los casos de corrupción del PCC que se han hecho públicos en los últimos tiempos.

Son muchas las dudas que emergen de estos acuerdos, pero solo se puede echar mano de la experiencia histórica y de otros países, incluida la propia China, en la reflexión sobre las implicaciones de estos acuerdos para Venezuela. El asunto es apasionante, sensible y a la vez contradictorio porque se enfrenta con ideas establecidas y muchas veces vistas de forma estática como son la soberanía y la globalización.

Las Zonas Económicas Especiales son territorios creados de forma artificial por Estados nacionales bajo mecanismos legales peculiares en lo que se ha denominado como off-shore. A través de estos mecanismos el Estado delinea un territorio dentro de su propia geografía con reglas distintas a las que se somete el resto de la unidad político-territorial. Se trata de normas propias para la relación productiva, exclusivas para este pedazo de país; son lugares donde, generalmente, las normas laborales y/o ambientales son más flexibles que en el resto del territorio. Los Estados buscan crear los territorios off-shore con la intención de dar cabida a nuevas dinámicas productivas y echar adelante un desarrollo especial de fuerzas productivas y así elevar la competitividad en el mercado global, con la mira en aumentar exportaciones no tradicionales.

Por medio de este mecanismo, los Estados construyen nuevas fronteras imaginarias, pero esta vez dentro de sus propios territorios, e invitan inversiones extranjeras, quienes se benefician de unas reglas ‘excepcionales’ que normalmente no tendrían en otro espacio. Esto es lo que algunos autores llaman, una ambigüedad calculada, que permite mantener propiedad sobre el territorio pero también entregar capacidades a compañías extranjeras quienes, a su vez, toman ventaja de la misma ambigüedad para contabilizar inversiones, ignorar pérdidas y obtener nuevas ganancias. Así, el off-shore te permite hacer una torta y también comértela. Pero además, el concepto tradicional de soberanía se ve trastocado por prácticas e ideas que delinean nuevas geografías productivas y también sociales. Son formas contemporáneas de economías de enclave para la exportación globalizada.

Las Zonas Económicas Especiales forman parte de las múltiples expresiones de off-shore, que incluye los paraísos fiscales y los centros financieros globales, pero también las zonas especiales para la exportación, o las maquilas, como las que se encuentran en América Central y México, pero que se hicieron frecuentes a partir de la experiencia china luego de su apertura económica al llamado sistema de socialismo de mercado. Un rasgo común de estos espacios es la generación de empleos en sectores de escaso valor agregado, con muy poca transformación de materias primas. Es, además, un sector en el cual la fuerza laboral es desproporcionadamente representada por mujeres. Emerge una nueva ambigüedad, quizás menos calculada: mientras que se generan nuevos empleos para mujeres, estos tienden a venir acompañados de pésimas condiciones, bajas remuneraciones, inseguridad e insalubridad, así como hostilidad para la sindicalización y organización de trabajadoras. Ello sin mencionar los obscuros casos de violencia de género que se viven en zonas de maquiladoras como en Ciudad Juárez, México, donde cientos de jóvenes mujeres trabajadoras han sido descuartizadas en el desierto en los últimos años.

Las ZEE de China-- Tomado de la BBC

Las ZEE de China– Tomado de la BBC

En el caso chino, estos off-shore han implicado masivos desplazamientos internos, la entrada en el mercado de millones de personas que anteriormente subsistían con métodos de agricultura tradicional y la consecuente eliminación de formas de vida distintas a la de la clase proletaria, muchas veces en condiciones paupérrimas.

Estos off-shore han sido vistos como vehículos de la globalización y herramientas para que países en desarrollo encuentren formas para integrarse a la economía mundial, en muchos casos, asociados con fórmulas neoliberales de acumulación. Han servido para elevar el crecimiento económico y las exportaciones de muchos países del sur global. Pero también pueden venir de la mano de la planificación estatal, como en Venezuela, que paradójicamente en los últimos quince años ha defendido una visión de soberanía estado-céntrica y contraria a la liberalización. Hoy, con el establecimiento de las Zonas Económicas Especiales para la inversión china, Venezuela da un paso en el desplazamiento de esa visión tradicional de soberanía y constituye espacios con nuevas reglas y fronteras. Es sacar al neoliberalismo yankee por la puerta, para que la globalización con características chinas entre por la ventana.