Fuera de radar


2 Comments

El lugar de Venezuela en el mundo: tumbando algunos mitos

Raúl Cárdenas F.

Ahí está... ese puntico

Ahí está… ese puntico

Desde hace unos años, chavistas y anti-chavistas han fabricado fantasías a la medida de sus egos tipo hummer para identificar el lugar de Venezuela en el mundo. Es comprensible, todos tenemos deseos de grandeza; cada pueblo se siente el elegido, solo que con la experiencia se ven obligados a ver la cruda realidad o siempre vivir de sueños. La primera fantasía tiene que ver con la importancia ‘geopolítica’ de Venezuela y su petróleo. En síntesis, Venezuela es epicentro del mundo. Así, sobredimensionan el único recurso real que algo de poder le da a ese país semi-periférico que poco determina los destinos del planeta.

En estos días vi un video que circulan los amigos revolucionarios internacionales que trata de explicar lo que sucede en Venezuela. Su mirada ‘geopolítica’ muestra que cuanta cosa ocurre en el país –y fuera de él– está de una forma u otra relacionado con la sed de petróleo de los Estados Unidos. Las protestas de estos meses tiene, en el fondo, un sustrato energético organizado de forma remota desde Washington y sigue el ‘guión’ (en singular) de Siria, Irak, Libia y Ucrania (todos éstos, obviamente, la misma cosa).

Esa mirada ‘geopolítica’ ignora que Estados Unidos está reduciendo drásticamente su importación de petróleo, cediendo espacio a nuevas tecnologías y nuevas fuentes energéticas. Además, cuenta con la provisión segura, cercana y hasta económica del petróleo pesado de las arenas bituminosas de Alberta, en Canadá. Dicho sea de paso, éstas tienen reservas muy cercanas a las de, léanlo bien, la Faja Petrolífera del Orinoco, Hugo Chávez. Es cierto, a Washington no le gusta el chavismo y apoyarán su reemplazo, pero en su lista de prioridades probablemente haya otros top-candidates.

Esa geopolítica barata también ignora al gran consumidor de petróleo del mundo en la actualidad: China. Este es el principal importador de toda la economía global y sin invadir, sin golpe suave, ni aplicar condicionamientos tortuosos, ha asegurado que mucho del petróleo bajo el subsuelo de Venezuela le pertenezca. ¡Ya pagó por él! Y lo sigue haciendo. Además de los 50 mil millones de dólares en préstamos a la República, pagaderos en barriles constantes y sonantes, cada préstamo de PDVSA para continuar operaciones en la Faja, son también condicionados por petróleo a futuro. Alrededor de 500 mil barriles de petróleo diarios que Venezuela exporta ya están pagos, es decir, plata que no le entra a PDVSA y la República. La izquierda continental no tiene reparos ante tal compromiso de soberanía frente a una potencia extranjera.

De aquella centralidad geopolítica, surge otra fantasía. A decir de los revolucionarios: Venezuela es imagen y ejemplo de todas las luchas sociales de la región. Sirve esto además como chantaje para sus descontentos internos: si no votan por la Revolución, no sólo ponen en riesgo los espacios ganados  sino toda la gesta emancipatoria latinoamericana. Para los anti-chavistas no es muy diferente: la región está llena de una cuerda de mantenidos que viven del petróleo venezolano.

Llamémosle errores, con respeto.

Llamémosle errores, con respeto.

Cada vez es más evidente que esto no es así. Venezuela es más singular de lo que se pensaba y ahora se encargan de recordarlo sus propios aliados internacionales. Rafael Correa en estos días reconoció, con ‘mucho respeto’, que en Venezuela se han cometido muchos errores en el ámbito económico. No dio detalles sobre esos errores ni los problemas que éstos acarrean. No hizo falta, pues son por todos conocidos. Casi en simultáneo, el nuevo líder sentimental de la izquierda suramericana y ‘presidente pobre’ de Uruguay, Pepe Mujica, criticó el ambiente de confrontación que se vive en Venezuela y dijo que así ‘nadie puede gobernar’. Ambos, se sumaron a Lula Da Silva, quien semanas atrás le había pedido a Nicolás Maduro que se concentrara en gobernar y asomó la posibilidad de un gobierno de transición.

La solidaridad automática de los presidentes ‘amigos’ con los gobiernos del PSUV está cuestionada. Ello tiene que ver con la necesidad de estos gobiernos de marcar diferencias con respecto a la Venezuela de Maduro y con su modelo económico y político. Ni el socialismo boliviano, país que no está dolarizado, cuenta con una inflación cercana a la venezolana ni una dependencia en los hidrocarburos comparable. Ambos, Bolivia y Ecuador, nacionalizan, intervienen en la economía, pero mantienen un mínimo de racionalidad en el manejo de sus cuentas, sobre todo de sus reservas y un gasto fiscal progresivo pero no fuera de sus propias posibilidades. En pocas palabras, Correa se refería a esos ‘errores’.

El modelo político que defiende el chavismo y ha hecho llamar ‘democracia participativa’ se reduce a una base elemental: ganar elecciones. De ahí parte todo su andamiaje de legitimidad. Nosotros ganamos, ustedes pierden, cálensela. Al estilo bully de barrio, los partidarios de este modelo consideran poco importante cómo se gana elecciones y qué se hace con el poder después de ganar. Mujica llamó la atención precisamente a ese modelo y lo criticó sin hacer mucho ruido.

Hasta hace poco, estas fantasías de la centralidad geopolítica y el apoyo de los vecinos progresistas habían hecho rabiar a muchos opositores que denunciaban la no-intervención en el affair guarimbero como resultado de la dependencia que ese gentío tiene en Venezuela. Denunciaban la aplicación de un bozal de arepa a países en toda la región. ¡Incluyendo a Brasil! Y algo es cierto, la cooperación venezolana es fundamental para la supervivencia de muchos países del Caribe y quizás ahí se pueda encontrar respuestas a los últimos votos de la Asamblea General de la OEA. Pero un cambio en el gobierno venezolano o en su política de cooperación haría tambalear más al gobierno de San Cristóbal y Nieves que al de Bolivia.

El silencio de estos gobiernos frente a los asuntos internos de Venezuela es porque desean el mismo trato en caso de una confrontación similar dentro de sus fronteras. Podemos sospechar que esa no intervención se mantendrá en el futuro. Sin embargo, algunos seguirán poniendo distancia… así, ‘con respeto’, frente a ese modelo muy singular que representa el chavismo en la región.

Advertisements


2 Comments

Disociados todos

Por Valentina Blanco

Disociar.

(Del lat. dissociāre).

1. tr. Separar algo de otra cosa a la que estaba unida. U. t. c. prnl.

2. tr. Separar los diversos componentes de una sustancia. U. t. c. prnl.

Diccionario de la Real Academia Española

En Venezuela: Acción mediante la cual un individuo separa su conciencia de las realidades que le rodean y de las cuales forma parte.

Siempre he sentido que en Venezuela tenemos la mala costumbre de usar ciertas palabras en exceso, hasta que de alguna forma pierden su sentido. Si eres inquieto te llaman hiperquinético, si estás molesta te llaman histérica (esto con connotaciones tan históricamente misóginas que merecen su propio texto). Sensaciones y hechos cotidianos adquieren condiciones grandilocuentes. Pensé que ese era el caso de la palabra “disociado”, o “disociada”, pero en esa me equivoqué. En Venezuela sí estamos disociados. Y no es un término sólo válido para la oposición, aunque haya sido así planteado por el chavismo. Disociados somos todos.

Disociados cada vez que preguntamos sobre el bando político de alguna persona fallecida en las protestas.

Disociados cada vez que retuiteamos que se escucharon disparos en la calle tal, a pesar de que, estando allí en ese instante no escuchamos nada. Pero bueno, “si alguien lo tuiteó debe ser cierto…”

Disociados los chavistas que son servidores públicos y ven de cerca los errores garrafales de una gestión tras otra y “no dicen esta boca es mía”. Es tal el miedo a ser confundido con el otro que me tapo los ojos, me tapo los oídos, me tapo la boca y termino por taparme la existencia. Pero que de mi lealtad al proceso no sea puesta en duda.

Disociados los guarimberos que piensan que tumbando árboles construyen democracia, o que su resistencia se asemeja a alguna lucha justiciera. No es resistencia pacífica y mucho menos democrática la instalación sistemática de trampas asesinas que matan al primer desafortunado.

Disociada la señora chavista eterna, negada a hablar de la escasez de alimentos aunque le tome un día entero hacer un mercado mínimo, que además le costará el doble de lo que le costó hace dos meses.

Disociados los opositores que desde dentro y fuera del país llaman a la intervención internacional como si el conflicto venezolano se tratara de un juego de video y que la llegada de mercenarios lo haría más épico, en el sentido hollywoodense de la palabra. Disociados incluso los que piensan que la condena por parte del gobierno de EEUU surtirá un efecto favorable al diálogo y la democracia en Venezuela.

Disociada la periodista que habla ante los medios “progresistas” internacionales sobre cómo la revolución garantiza la atención médica a todos los pacientes cuando cualquier persona con un pariente enfermo puede contar largas y dolorosas historias de escasez de medicamentos, insumos y muchísimo maltrato de médicos, enfermeras y vigilantes.

Disociados los líderes del movimiento LGBTI cuando dicen que hemos avanzando tantísimo en materia de igualdad de derechos para todos y todas, cuando el principal descalificativo a líderes opositores ha sido “acusarlos” de homosexualidad como si se tratara de una enfermedad.

Disociado el señor que defiende sagazmente los logros de la revolución pero ha sido asaltado tantas veces en el camino a casa desde el trabajo, que ya los malandros lo conocen y le han robado hasta el ticket del metro.

Disociada la señora de oposición que dice que la oposición es mayoría pero nunca concibió que la señora de servicio decidiera meterse a estudiar en las misiones y dejar de trabajar limpiando casas. El problema ante sus ojos era que “¡por ese camino ya no van a haber señoras de servicio!”.

Disociadas las líderes del movimiento de mujeres que enarbolan a Chávez como líder del feminismo cuando en todos sus años de gestión el aborto se mantuvo como un tema innombrable y seguían muriendo mujeres, sobre todo mujeres pobres, por abortos mal practicados y partos mal atendidos de embarazos no deseados.

Disociados todos. Disociada yo que escribo estas líneas y probablemente alcance a dormir esta noche a pesar de esta sensación punzante de que estoy en un país donde no puedo hablar con nadie, porque nadie es capaz de verse a sí mismo y mucho menos reconocer al otro. Cada cual tiene su cuota pendiente en esta disociación colectiva.


Leave a comment

Mi tía Marielsa es una insensata

Por Valentina Blanco

Mi tía Marielsa es una insensata. Su cuadra está llena de basura y a ella le da por limpiarla. Lo que pasa es que su cuadra está llena de basura porque pues esa es una de las estrategias insurgentes de los jóvenes que luchan por la democracia. Y bueno, toca cerrar la calle y hacerse escuchar por cualquier medio. Y por eso riegan basura y pestilencia por la cuadra a la vez que encienden grandes fogatas que aterrorizan a los niños. Y ni hablar de los alambres de púas y las guayas que dejan en el asfalto y matan (o casi matan, porque esos matices hay que honrarlos) a motorizados y demás transeúntes. “La calle está cerrada pues construimos democracia”, así dicen. Por eso la gente de la cuadra no alcanza a salir a trabajar o a ir la escuela…. Por eso, la lucha democrática, los negocios no han podido abrir desde hace días. Por eso también han tumbado muchos de los árboles que apenas alcanzan a limpiar el aire de esta ciudad desesperanzada, porque con ellos hacen barricadas que nos impiden salir a continuar con la vida, en nombre de la democracia. Mi tía Marielsa es una insensata porque le dio por salir a limpiar la calle por enésima vez, pues estaba terriblemente sucia a pesar de que escasas horas antes una cuadrilla del municipio la había limpiado. Y por insensata una de las jóvenes demócratas la golpeó y espantó para que le quedara claro que a nombre de la lucha por la democracia mi tía no puede vivir en una calle limpia, y mucho menos atreverse a limpiarla.

Carolina es una disociada. Resulta que a su papá toca ponerle un marcapasos a como dé lugar, quedan pocos en el país, se le agotó el seguro privado en apenas la emergencia de la clínica y no tienen como costearse la operación. Y bueno, a Carolina le da por hablar mal del gobierno porque se están acabando los marcapasos mientras ella hace lo imposible por reunir la plata para pagar uno de los últimos que quedan. En lugar de quejarse del gobierno, Carolina debería agradecer que tenemos Barrio Adentro, CDIs y todo. Lo de la escasez de marcapasos es culpa de los médicos ladrones del sector privado. Y punto. No es resultado también de la política cambiaria, ni mucho menos de la ineficiencia del sector público. Y la desesperación de Carolina por la vida de su padre no justifica su hartazgo. No, la lealtad a la revolución tiene que quedar clara e incuestionada, no hay desespero que valga, aunque sea por la vida misma, ni por el padre. Su papá se está muriendo porque vive en un país cuyo Estado lo ha abandonado, pero Carolina no puede arrecharse.

Mi primo Francisco es un idiota. Caminando a su apartamento de clase media, (compartido con su mamá, su papá, su hermana, su sobrino y el perro, dicho sea de paso) llegan dos tipos en una moto, lo tiran al suelo mientras le apuntan con una pistola, le arrancan el teléfono celular, lo insultan por sólo tener libros y se van dejándolo con sabor a impotencia y terror, junto con un estúpido agradecimiento por su vida (pudieron haberlo matado, después de todo). Pues a Francisco, después de la escena y tragando amargo le da por postear que en “este país la vida no vale nada y tal”, y dizque “por qué las fuerzas de seguridad del Estado son tan efectivas reprimiendo protestas y no protegiendo a la gente”. Es que de verdad mi primo Francisco es un idiota.