Fuera de radar


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Una piedra en el estómago

Por Antulio Rosales

Los pasos lentos de esa señora no me dejan dormir. En un lugar donde una cola se puede convertir en un ataja-perros, con armas incluidas y golpes mortales, ella y otras más se cuestionan si vale la pena buscar comida o medicinas a cambio de la tranquilidad.

En estos días de violenta escasez retumban los informes de saqueos y caos urbano en focos dispersos por todo el país. En simultáneo, el país optimista, politizado o no, reporta redes de solidaridad que irrumpen con una racionalidad difícil de reconocer. Puede que sea ingenua o simplemente sensible, pero lo cierto es que esa racionalidad está ahí. Hay destellos de familiares que buscan medicamentos que otros necesitan. Están los que llevan a las abuelas a hacer compras necesarias.

Unos empujados por la desesperación se ven obligados a rescatar tradiciones para resolver la cotidianidad. Algunos pedantes con voz de vanguardia celebran el hecho. En el fondo siempre quisieron que esto llegara hasta ahí. Arepas de maíz pilado, cosméticos hechos en casa, o la agricultura desde el balcón se convierten en estandartes de lucha y en romance de la tradición-revolución-pobreza.

Bachacos

Bachacos, tomado de islandiacarvan

El paso de la abuela seguirá lento. Los huesos frágiles no se harán más fuertes con los tomates organo-balcónicos. El medicamento de la enfermedad crónica debe llegar. Los niños con epilepsia no pueden esperar. La voluntad transformadora no puede con todo, ni está tan solo enfrentando una batalla de ideales con seres minúsculos, reducidos a insectos contrabandistas. Esos “bachacos” no son la causa sino un síntoma del problema. Para buscar culpables, basta con recordar al ministro que no hacía colas por razones de seguridad, al diputado que hoy es capaz de costearse demandas por difamación en Nueva York, a la pareja que le paga bufete de abogados caros a los sobrinos en problemas, al país socio que revende el petróleo que compró barato a precio de mercado. Así surgió el bachaqueo contemporáneo.

Fajarse a hacer arepas de maíz pilado indica mucho más que un recurso de imaginación. La señora pobre que alimenta a una docena de personas con ese montón de trabajo, no tiene tiempo que perder. No puede hacerlo todo, ni obtener todo lo que necesita. La voluntad es insuficiente y se termina traduciendo en el mensaje que escuchamos ya con más frecuencia: “no como desde ayer”. Hasta ahí llega el romance.

La pelea por acceso a la comida revela que la crisis es dramática y que el poder ha decidido invalidar el ejercicio ciudadano y con ello busca allanar el camino a la violencia. Esa es la única vía de escape y el gobierno confía en que ese es el camino que le favorece, en el que se mantendrá en pie, a duras penas. No es casual que extienda, ignore y obstaculice el proceso democrático en simultáneo con la puesta en marcha de mecanismos perversos para racionar lo poco que hay.

La hipocresía de quienes dicen estar con la paz resulta pasmosa. Es la paz de los hambrientos. La paz de la manipulación más básica. Toma tu bolsa de comida a cambio de retirar tu firma. ¿Militas en la revolución? Algo te llegará a tu puerta. Una bolsa de comida de vez en cuando no garantizará la paz, ni ganará adeptos para la revolución, solo quizás administrará la crisis y dosificará la violencia que es cotidiana. La descentralizará del abasto al vecino, del supermercado al vecindario. La violencia no es solo la piedra contra la vidriera, la violencia es diaria y está en el estómago de la gente.

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El tiempo: arma bolivariana en la guerra de cuarta generación

Por Antulio Rosales

El gobierno decidió cerrar todas las vías de diálogo, negociación o simple viabilidad política a cualquier alternativa de su proyecto. Antes de enfrentar a la oposición que hace vida en el parlamento, decidió maniatarlo; utilizó al Tribunal Supremo de Justicia para someterlo y subyugarlo al Ejecutivo. La Asamblea se ha convertido en un espacio nulo, cuya única prerrogativa es gritar, esgrimir argumentos, emitir declaraciones de voluntad y, posiblemente, aumentar algún bono extra-salarial. Eso es todo. La estrategia funciona, por ahora, ya que deja extenuada a una población cada vez más preocupada por qué será lo que comerá mañana o dónde encontrará la medicina para sobrevivir. Las diatribas Asamblea-gobierno se hacen cada vez más lejanas para quienes deben pensar en resolver el día a día.

Quedó el Referendo Revocatorio como única válvula de escape para la crisis. Y esa fue en parte la elección del propio gobierno, poniéndole obstáculos a cualquier otra salida y permitiendo que, a duras penas, avance el proceso revocatorio. Lo permite porque le lleva el reloj al proceso. Lo controla por vía remota y así deja un hilo de esperanza para una heterogénea y cada vez más amplia población que le opone, al tiempo que se asegura de que esa posibilidad enfrente cuanto obstáculo se le ocurra ponerle en el camino. El revocatorio se ha convertido en la salida de la MUD, pero también en los descontentos del chavismo que no hallan espacio en la atrincherada cúpula de gobierno y convirtieron el referendo en su propio desafío. Ahí también cifran su esperanza quienes quieren re-organizar al chavismo como una fuerza popular y alternativa al gobierno de Maduro.

La estrategia del referendo es riesgosa, por lo complicado del proceso y por todos los mecanismos de control y castigo que ejerce el gobierno sin ningún reparo ni contrapeso. Ya Maduro ha dicho que no hará nada en contra de los firmantes, pero igualmente, ha pedido—amenazante y en referencia a Luis Tascón—que “dejen a ese muchacho descansar en paz”, y de manera poco sutil designó a Jorge Rodríguez para que verifique las firmas. Rodríguez se apresuró a decir que si bien el voto es secreto, la “expresión de voluntad” no lo es. Ciertamente alcalde, la expresión de voluntad no es secreta, pero también ha de ser libre y ciudadana. La Constitución de la República consagra derechos para la filiación política a la ciudadanía, obliga la no discriminación y estipula que todos los cargos de elección popular son en efecto revocables.

Pese a todas las estrategias de escarnio y amenazas de discriminación, el arma más potente con la que cuenta el gobierno es el tiempo. Los servicios, derechos o empleos que ofrece el Estado como si fueran exclusivas dádivas del Alto Mando Político de la Revolución se han devaluado al mismo ritmo que la moneda. Esa ya no es una amenaza tan potente como pudo haber sido hace 12 años. Perder un estipendio o un salario estancado por la inflación no parece ser un dolor de cabeza. Pero el tiempo es más poderoso.

El tiempo puede hacer explotar la bomba de urgencia que implica el desabastecimiento y que se atiza cada día que no aumenta el precio del barril. El tiempo le permite al gobierno seguir argumentando hasta el colapso que es víctima de una gran conspiración de cuarta generación dirigida desde Washington y apoyada por sus acólitos nacionales. Pareciera que su esperanza radica en ese colapso a cuenta gotas, ese que está llegando de a poco y que le inyecta potencia a su psicosis conspiratoria, por eso se niega a negociar salidas, se niega a tomar medidas, se rehúsa a un diálogo que aplaque la crisis. Así que vendrán impugnaciones a las firmas, reválidas, confirmaciones, anulaciones y retrasos en cada punto del proceso para activar el referendo. Maduro se aferra al control del reloj para estirar la arruga más allá de 2017 y asegurarse ganar, incluso perdiendo. Eso permitirá a Maduro designar a su reemplazo, nombrando a un(a) vicepresidente(a) a la medida que dirija una transición madurista y mantener su gobierno enchufado a las máquinas que hasta ahora le dan vida.

Persistencia de la memoria

Persistencia de la memoria, Salvador Dalí


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El sondeo de Miraflores: levante la mano quien le va al Real Madrid

Por Antulio Rosales

Miraflores

¿Dónde está la gente del Barça?

Después de cuatro horas de retórica y argumentos circulares, Nicolás Maduro empezó a decir las verdaderas medidas que tomaría. A casi tres años de haber asumido el poder, a más de un año de la caída del precio del petróleo y luego de siete trimestres en recesión, el presidente decidió hacer algo. Primero puso voz bajita, usó tono melancólico para aumentar la gasolina, pero no le duró mucho y optó por bajar la tensión. Preguntó a qué equipo le iban en futbol. Diosdado levantó la mano con convicción cuando nombraron al Real Madrid. Ya en ese momento todo estaba dicho.

Como varoncitos que nunca crecieron comenzaron a levantar la mano los magallaneros, los caraquistas y otros seguidores de alguna franquicia deportiva para que entre aplausos Nicolás dijera que el precio de la gasolina pasaría a 1 y 6 bolívares por litro. No atinó a reconocer el precio que se paga por un tanque hoy. Ni el precio de un refresco, ni de una malta o de una empanada. Así de despegado de la realidad está el Presidente.

A la quinta hora, anunció el aumento del tipo de cambio oficial de 6.3 a 10 bolívares y la eliminación del SICAD (el cupo de viajeros) para pasarlo a una tasa flotante, pero controlada que ahora marca poco más de 200 (el actual SIMADI). Es decir, los importadores fantasmas de bienes de primera necesidad ahora tendrán ganancias 3.7 bolívares menores que antes. Con un dólar a mil, ahora ganarán solo 990 bolívares cuando los vendan en el mercado paralelo. Así piensa Maduro pasar del rentismo petrolero al socialismo productivo. Todo ello coordinado por un empresario patriota: una manguangua pues.

El presidente en algún momento decidió ponerse francote y dijo que el rentismo se había agotado. Descubrió el agua tibia. Viene agotándose desde hace décadas. Aún así, el propio Chávez recibió el gobierno con un mecanismo estructurado para enfrentar las fluctuaciones de los precios y desacoplar al Estado de la dependencia en la renta. El gobierno acabó con ese fondo de estabilización y generó mecanismos de todo tipo para chupar la renta y gastarla de forma discrecional. Ahora el gobierno empeña el oro y busca certificar diamantes. Esa es la transición que vive la economía venezolana: de capitalismo rentístico a mercantilismo bolivariano. Ahí radica dimensión de la crisis actual, haber despilfarrado la mayor bonanza de la historia y estar ahora rasgando minas para certificar nuevos minerales.

Cerró la alocución anunciando el otorgamiento de transferencias selectivas a los hogares más pobres, ya las transferencias no serán universales. Se fueron del Salón Ayacucho con el chiste de que no habían decretado ajuste alguno, que estaban protegiendo al pueblo. Los únicos protegidos son los que pueden ahora directamente ejercer actividades de extracción, transporte y comercialización de hidrocarburos sin rendirle cuentas al Ministerio de Energía y Petróleo, sino a un grupo de Generales. Quienes ejercen las prácticas ilícitas más comunes, ahora tienen empresa propia, con beneplácito del Estado. Lo que arrojó el sondeo de la fanaticada del Madrid es que protegidos se mantienen aquellos que reciben dólares regalados para importar quien sabe qué. Un ajuste ortodoxo no es, sin duda. El ajuste está en lo que el ente emisor denomina “la apreciación de existencia de acaparamiento”, que se ubica en 87,0%. Esa figurilla discursiva, la apreciación de existencia de acaparamiento, es lo que antes llamaban escasez y son los 9 de cada 10 productos que no se encuentran en los anaqueles. El ajuste real es la caída del valor del ingreso de los trabajadores, mientras aumentan salarios que ya se comió la inflación.

Ahora bien, levante la mano quien le va al Real Madrid.


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La empatía perdida: otra víctima de la polarización venezolana

Por Antulio Rosales

La empatía es un elemento fundamental para nuestra sobrevivencia. Es además un requisito para la vida pública y es quizás una base para los denominados Derechos Humanos. Reconocer que todos somos diferentes, pero iguales en nuestra condición humana es básico para convivir.

Desde hace tiempo en Venezuela hemos vivido una preocupante erosión de ese elemento. Tenemos un montón de paréntesis, notas al pie y excepciones que nos permiten justificar la violencia hacia quienes no piensan, lucen o viven como nosotros. Después de las protestas de 2014, hice seguimiento a algunas movilizaciones contra encarcelamientos fuera de la ley. Todos los casos me generaban una profunda empatía, pensaba que podía ser yo o un ser querido quien estuviera retenido sin debido proceso. Un caso, publicitado en redes sociales, trataba de una vendedora ambulante, una madre soltera y pobre que fue presa en una escaramuza en el Parque del Este. En su defensa, su madre llegó a decir que su familia había votado por el presidente Chávez, así como diciendo: “no hemos hecho nada malo”. En las mismas redes leí comentarios descarnados que decían ¡bien merecido! Pa’ que siga votando por chavistas. Hasta ahí había llegado la solidaridad de esos internautas. Hasta ahí había llegado la humanidad de esa señora.

En estos días de violencia pre-electoral hay tiroteos e incluso muertos que no merecen un pronunciamiento serio de las autoridades. Todos quienes han pasado años exigiéndole al otro “desmarcarse de la violencia”, bendicen con su silencio o con rápidas tesis resolutivas la acción criminal que busca atizar, precisamente, más violencia.

Hemos normalizado comportamientos detestables en cualquier circunstancia. La persecución que se desplegó durante los eventos de 2002 contra los dirigentes del chavismo, hoy la ejecutan ellos mismos con todo el poder que les abriga el control que tienen sobre las instituciones. En aquella época, algunas publicaciones radicales opositoras hacían uso de la libertad de expresión para llamar al pueblo a reconocer dirigentes, convidándoles a una suerte de linchamiento popular. Ahora existen publicaciones asombrosamente similares. Asimismo, hay programas de televisión transmitidos por los medios públicos, utilizando informantes de dudosa procedencia—los denominados patriotas cooperantes—y financiados con plata de todos dedicados al escarnio público. En última instancia, se mantiene la idea de que es válido desconocer la dignidad humana cuando se trata de ciertos personajes. Pero ello no solo ocurre con las figuras conocidas que algo de poder detentan, también en redes y espacios sociales hay quienes se sienten con el derecho de identificar individuos, pormenorizar su paradero y cuadro familiar para descalificar sus posiciones políticas. Ahí pierden su condición de progresistas y actúan como rancios autócratas.

La dirigencia política venezolana en todas sus vertientes tiene muchos retos por delante. Los principales reposan en lo económico, sin duda. Pero en el manejo de lo público les obliga a recuperar un sentido de empatía y respeto elemental que todos merecemos. Es la misma empatía y el respeto con el que deberán ser tratados ellos mismos, terminen siendo gobierno u oposición.

Empatía

Mira pa’ cá. Tomada de CaracasCaos


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El chavismo no madurista

Por Antulio Rosales

Hace pocas semanas, Benigno Alarcón, un profesor de la UCAB, mostraba en el programa de Vladimir Villegas el resultado de un estudio de opinión realizado recientemente, donde reflejaba el surgimiento de un sector importante de la población que se decanta por una suerte de chavismo anti-madurista. Un 15% de los consultados se sienten defraudados por la gestión de Nicolás Maduro y su gobierno bicéfalo secundado por el presidente de la Asamblea Nacional, pero no están listos para identificarse con la oposición—salidista o MUDista— y se denominan fieles al legado de Chávez.

Con la intensificación de la crisis económica y el necesario acomodo de la nueva élite gobernante, es claro que varias individualidades, muchos derrotados por los nuevos caciques del chavismo, han tratado de hacerse de ese grupo creciente de decepcionados. Es un territorio en disputa, donde el propio gobierno tiene importante ascendencia por la vía de transferencias materiales y simbólicas, pero también es un espacio en el que diversas corrientes esperan capitalizar el mermado apoyo popular de la Revolución y prefigurar una alternativa dentro del propio proyecto político. Resulta difícil bajo un sistema electoral que avala el ventajismo y que premia a desproporcionadamente a las mayorías ver a un tercer grupo que pueda capitalizar suficiente descontento como para representar una amenaza a la polarización. Sin embargo, si las preferencias electorales del gobierno siguen en descenso, las posibilidades a mediano y largo plazo de un neo-chavismo se elevan. Ahora bien ¿quiénes son y qué representan estos revolucionarios?

Los potables y la ultra

El primer grupo, que ha recibido considerable atención, lo lideran Marea Socialista, una corriente interna del PSUV que ha exigido mayores espacios de discusión y democracia partidista. Sus más conspicuos representantes son los ‘potables’ Nicmer Evans y Heiber Barreto, por un lado, y Gonzalo Gómez, por otro. Los primeros vienen de los rangos medios y altos de la revolución, son profesionales que han aprovechado la onda mediática para ganar cierta presencia nacional. El último es la figura visible del portal Aporrea, la más importante iniciativa de debate digital del chavismo no-gubernamental. A ninguno se les puede acuñar responsabilidad mayor en alguna política visible del gobierno, aunque lo hayan acompañado y apoyado desde sus inicios. Marea tiene como principal bandera la auditoría al mecanismo de asignación de divisas bajo el control de cambios, a través del cual se estima que ocurrieron importantes fugas fraudulentas de capitales a empresas de maletín.

Propuesta bandera de MS

Propuesta bandera de MS

De sus postulados queda poco claro si endilgan al sistema mismo algún problema intrínseco. De hecho, por momentos pareciera que apuestan por un control de cambios ‘honesto’ luego de una suerte de auditoría nacional a imagen de la ocurrida en Ecuador en los primeros años del gobierno de Rafael Correa. Tal silencio frente a la esencia del modelo de controles y el uso de las denuncias del defenestrado Jorge Giordani avala la cercanía con este ex-ministro de planificación y principal responsable de la política económica de la Revolución durante una década. A Giordani se le suman otros ex-ministros que se han incorporado a la iniciativa de auditoría y a las críticas sobre la poca transparencia y autoritarismo en las filas del PSUV.

Con ellos podría incluirse a Eduardo Samán, viejo amigo de Aporrea, un representante de la autodenominada ‘izquierda radical’. Samán sí defiende con elocuencia los parámetros económicos de la planificación centralizada, con importantes dosis de voluntarismo, una burocracia ‘efectiva’ y principista que tuerza el brazo a la especulación y la usura propia del capital.

Los guerrilleros

Más tímidamente se asoman unos antiguos ex-guerrilleros que han insuflado las páginas pro-gobierno con enunciados cargados de conciencia revolucionaria y odio a la oligarquía. Este grupo, que identifica a Rafael Ramírez como el más lúcido heredero y defensor del legado de Chávez, considera las elecciones burguesas como una trampa falaz en la cual ha caído la ‘socialdemocracia’ que representa—según ellos—el gobierno de Maduro. Al leer y escuchar Un grano de maíz es evidente que una alianza entre éstos y los potables no es factible. Quizás lo sea con individualidades como Samán y algunos ex-ministros más claramente identificados con el marxismo tradicional. Eso sí, la posición de este grupo con respecto a las propuestas de reformas económicas que el propio Rafael Ramírez planteó como necesarias antes de su partida del gobierno, es una interrogante.

Más allá del chavismo

También han surgido algunos antiguos altos funcionarios del chavismo que se han mostrado críticos del gobierno en debates públicos y con deseos de incidencia. Pero éstos, especialmente Felipe Pérez Martí, también parecen cuestionar el propio modelo y han avanzado en proponer medidas que podrían ser apoyadas más allá del chavismo, medidas defendidas como racionales por Pérez Martí, pero que le han ganado el título de neoliberal por los portavoces de la política gubernamental. Víctor Álvarez, otro economista y cercano al primer grupo por vía del Centro Internacional Miranda, ha sido igualmente cuestionador del modelo de control de cambios que ha sobrevaluado el bolívar, elevado las importaciones y acabado con el aparato productivo nacional.

Perspectivas del chavismo no madurista

Estos grupos, en general marginales del debate público nacional, y carentes de recursos propios, en algo se parecen a la llamada izquierda ‘infantil’ ecuatoriana, como despectivamente los llama Rafael Correa. Son defensores de la Revolución y en su mayoría principistas y voluntaristas, críticos de ciertas alianzas con el capital internacional y la burguesía nacional. A diferencia de aquellos, éstos no han presentado una agenda alternativa en cuanto a lo ambiental se refiere, no han hecho referencia a cómo trascender el modelo rentístico petrolero. Tampoco tienen una agenda pública sobre temas de género o políticas identitarias; no han mostrado su apoyo, por ejemplo, al matrimonio igualitario o la despenalización del aborto. Además, a diferencia de la izquierda ecuatoriana, se desprenden del gobierno de forma tardía y, convenientemente, con la muerte del líder carismático. Ninguno de ellos han planteado una suerte de mea culpa sobre la situación actual que vive el país, pese a que haya sido sembrada por decisiones de las que muchos de ellos fueron responsables y partícipes en los últimos 16 años, siendo el caso más paradigmático el de Jorge Giordani.

Aunque las perspectivas de éxito electoral del chavismo no madurista son limitadas y dependen en gran medida de que se unan en un grupo coherente, cosa poco factible, su principal alcance es plantear falencias evidentes del gobierno incluso bajo la óptica revolucionaria. Un punto en el cual parecen unirse es en la idea de que en el PSUV falta debate, se dieron cuenta—tal vez un poco tarde—que la conducción del proceso es poco democrática y, ahora, consideran que es un problema. Ponen de manifiesto la mediocridad del liderazgo que dejó Chávez y claman por más debate; pero lo más importante que ponen de relieve es que el chavismo es, en tiempos de crisis, terreno en disputa.