Fuera de radar


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El tiempo: arma bolivariana en la guerra de cuarta generación

Por Antulio Rosales

El gobierno decidió cerrar todas las vías de diálogo, negociación o simple viabilidad política a cualquier alternativa de su proyecto. Antes de enfrentar a la oposición que hace vida en el parlamento, decidió maniatarlo; utilizó al Tribunal Supremo de Justicia para someterlo y subyugarlo al Ejecutivo. La Asamblea se ha convertido en un espacio nulo, cuya única prerrogativa es gritar, esgrimir argumentos, emitir declaraciones de voluntad y, posiblemente, aumentar algún bono extra-salarial. Eso es todo. La estrategia funciona, por ahora, ya que deja extenuada a una población cada vez más preocupada por qué será lo que comerá mañana o dónde encontrará la medicina para sobrevivir. Las diatribas Asamblea-gobierno se hacen cada vez más lejanas para quienes deben pensar en resolver el día a día.

Quedó el Referendo Revocatorio como única válvula de escape para la crisis. Y esa fue en parte la elección del propio gobierno, poniéndole obstáculos a cualquier otra salida y permitiendo que, a duras penas, avance el proceso revocatorio. Lo permite porque le lleva el reloj al proceso. Lo controla por vía remota y así deja un hilo de esperanza para una heterogénea y cada vez más amplia población que le opone, al tiempo que se asegura de que esa posibilidad enfrente cuanto obstáculo se le ocurra ponerle en el camino. El revocatorio se ha convertido en la salida de la MUD, pero también en los descontentos del chavismo que no hallan espacio en la atrincherada cúpula de gobierno y convirtieron el referendo en su propio desafío. Ahí también cifran su esperanza quienes quieren re-organizar al chavismo como una fuerza popular y alternativa al gobierno de Maduro.

La estrategia del referendo es riesgosa, por lo complicado del proceso y por todos los mecanismos de control y castigo que ejerce el gobierno sin ningún reparo ni contrapeso. Ya Maduro ha dicho que no hará nada en contra de los firmantes, pero igualmente, ha pedido—amenazante y en referencia a Luis Tascón—que “dejen a ese muchacho descansar en paz”, y de manera poco sutil designó a Jorge Rodríguez para que verifique las firmas. Rodríguez se apresuró a decir que si bien el voto es secreto, la “expresión de voluntad” no lo es. Ciertamente alcalde, la expresión de voluntad no es secreta, pero también ha de ser libre y ciudadana. La Constitución de la República consagra derechos para la filiación política a la ciudadanía, obliga la no discriminación y estipula que todos los cargos de elección popular son en efecto revocables.

Pese a todas las estrategias de escarnio y amenazas de discriminación, el arma más potente con la que cuenta el gobierno es el tiempo. Los servicios, derechos o empleos que ofrece el Estado como si fueran exclusivas dádivas del Alto Mando Político de la Revolución se han devaluado al mismo ritmo que la moneda. Esa ya no es una amenaza tan potente como pudo haber sido hace 12 años. Perder un estipendio o un salario estancado por la inflación no parece ser un dolor de cabeza. Pero el tiempo es más poderoso.

El tiempo puede hacer explotar la bomba de urgencia que implica el desabastecimiento y que se atiza cada día que no aumenta el precio del barril. El tiempo le permite al gobierno seguir argumentando hasta el colapso que es víctima de una gran conspiración de cuarta generación dirigida desde Washington y apoyada por sus acólitos nacionales. Pareciera que su esperanza radica en ese colapso a cuenta gotas, ese que está llegando de a poco y que le inyecta potencia a su psicosis conspiratoria, por eso se niega a negociar salidas, se niega a tomar medidas, se rehúsa a un diálogo que aplaque la crisis. Así que vendrán impugnaciones a las firmas, reválidas, confirmaciones, anulaciones y retrasos en cada punto del proceso para activar el referendo. Maduro se aferra al control del reloj para estirar la arruga más allá de 2017 y asegurarse ganar, incluso perdiendo. Eso permitirá a Maduro designar a su reemplazo, nombrando a un(a) vicepresidente(a) a la medida que dirija una transición madurista y mantener su gobierno enchufado a las máquinas que hasta ahora le dan vida.

Persistencia de la memoria

Persistencia de la memoria, Salvador Dalí


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Tocar fondo: las autodefensas con doctrina y la Stasi bolivariana

Por Raúl Cárdenas F.

Es difícil sentir la certeza de haber tocado fondo. Siempre se puede llegar más abajo. Siempre puede ser peor. Pero luego ves el video de Loren Saleh y te das cuenta de que si no te diste duro contra el fondo, estás muy cerca. Aguanté solo pocos minutos el despliegue de machín en cruzada por una liberación nacional fatua que comienza con güon y termina con marico. Su lucha librada por skype me hacía recordar a los carajitos que solo dan cauce a su testosterona por la vía de un juego de video sangriento. Solo que presuntamente a estos panas se les salía la baba por detonar un interruptor de verdad.

La certeza del trancazo que se dio esta sociedad con el famoso fondo viene después, con la añadidura de que este valioso documento viene de un “patriota cooperante”. Eufemismos hemos tenido muchos en este proceso. Pero éste es uno de los más ridículos, fabricado para denominar al sapo que suelta la lengua a cambio de algún favorcito en divisas. Diosdado Cabello se pasa rato leyendo comunicaciones enteras de “patriotas cooperantes” cotilleando la última conspiración de la burguesía apátrida. Con sorna, el número dos del alto mando de la revolución hace alarde de la delación como valor.

Van edificando así una suerte de panóptico caribeño, sembrando la idea de que ‘te estamos observando’. Y pueden estar donde sea: en tu casa, en tu trabajo, puede ser tu curruña conspirativa quien en últimas te delate. La paranoia y el miedo es el territorio perfecto para la sumisión, pero también para los aventureros y malandros con ínfulas de yijadistas libertarios. El sueño húmedo de los indeseables se hace realidad. En una acera se emocionan algunos con la posibilidad de formar ‘autodefensas con doctrina’, mientras que los otros van creando su Stasi bolivariana y comunal.

Uno se pregunta, ¿qué pasa después de tocar fondo? No puede ocurrir otra cosa sino el rebote. Si el cine pudo imaginar a un capitán como Gerd Weiser que se cautivó con sus vigilados, toca apostar por muchos ‘errores humanos’ que vayan sacando de órbita esos torrenciales delirios de estos pequeños seres.

Un cooperante chimbo

Un cooperante chimbo