Fuera de radar


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China: el imperio que deja las zanahorias por el garrote

Por Antulio Rosales

La espada de Bolívar

La espada de Bolívar

La República Popular China se convirtió en un gran aliado financiero de Venezuela a partir de 2005 cuando comenzó a proveer préstamos líquidos al país a cambio de petróleo. Con los múltiples mecanismos de financiamiento, China le ha facilitado a Venezuela unos 65 mil millones de dólares. Esta se convirtió en la mayor deuda de país latinoamericano alguno con China. Según el gobierno venezolano los préstamos vienen sin ataduras ni condiciones que limitan la soberanía nacional. Incluso, Nicolás Maduro ha dicho que no debería considerarse “deuda” sino “financiamiento”.

Sin embargo, apoyo del gran hermano chino ha ido cambiando con el tiempo. China lleva dos años que no afloja la cartera de préstamos como espera Venezuela. La sequía de nuevos préstamos ha influido en la crudeza de la crisis que enfrenta el país. En meses recientes, China ha firmado acuerdos de inversión para intentar mantener la producción de petróleo que, en última instancia, garantiza el repago de la deuda original. Venezuela, en contrapartida, ha ido cediendo espacios de control territorial y operacional en las empresas conjuntas de extracción de petróleo y ha otorgado concesiones a dedo en zonas especiales de producción y nuevos centros de explotación minera.

El gobierno chino aunque se ha negado a otorgar nuevos préstamos, cedió facilidades de pago a Venezuela en los compromisos existentes, reestructurando la deuda y ofreciendo nuevos períodos de gracia que solo le dan un mínimo de oxígeno hasta 2017. Básicamente, Venezuela se ha salvado de un default con China en vista de la caída del precio del petróleo, que obligaría enviar más crudo.

No obstante, la pregunta de si el gobierno chino debe o no salvar a su socio del eminente colapso económico ya ocupó la primera página en un diario oficial en China. Hay evidencias de que China no considera al gobierno de Maduro un aliado imprescindible y enfrenta la disyuntiva de cómo asegurar el repago de su deuda y evitar un efecto dominó de defaults en el sur global marcado por la caída de los precios de los commodities.

El anuncio de la Asamblea Nacional de que anularía los compromisos de inversión en el Arco Minero del Orinoco por no haber cumplido con los requisitos constitucionales de consulta previa desató alarmas que, entre otras cosas, provocaron una invitación al jefe de la bancada de la MUD a sostener conversaciones con una organización vinculada al Partido Comunista chino. Luego, informaciones extraoficiales reseñadas en el Financial Times indican que el gobierno chino estaría condicionando cualquier ayuda futura a que el gobierno venezolano lo someta a aprobación de la Asamblea, como obliga la constitución. Aunque posteriormente una portavoz del gobierno negara tales conversaciones, resulta evidente que el gobierno chino considera viable un acercamiento con la oposición. Hasta ahora la oposición venezolana ha sido ambigua frente a Beijing pero, en todo caso, si llegara al gobierno deberá tener relaciones cercanas con el que se ha convertido en el principal inversionista y prestamista del país.

Un posible condicionamiento de nuevos préstamos a cambio de su aprobación en la Asamblea es un hecho trascendente. Esa condición estaría amarrando a la oposición venezolana a mantener relaciones en un posible cambio de gobierno, pero además forzaría al gobierno de Maduro a reconocer al parlamento, algo que ninguna otra potencia extranjera tendría la capacidad de asegurar.

China, como cualquier otro prestamista, está preocupada por un elemento central: que su deuda sea cancelada. Y en las circunstancias actuales, Venezuela necesita financiamiento externo para cumplir con sus compromisos internacionales e incluso para abastecer de productos básicos a la población. En ese contexto, Venezuela por primera vez en una década, ha enviado cifras macroeconómicas oficiales al Fondo Monetario Internacional, pensando en solicitar una ampliación de sus derechos especiales de giro (DEG) u otro mecanismo de financiamiento. Ya Venezuela ha venido canjeando los DEG en meses recientes, en parte por la imposibilidad de pactar nuevos préstamos con China y otras potencias emergentes reticentes a prestar más fondos al gobierno de Maduro.

El gobierno venezolano contó por más de una década con el apoyo fiable de China, que le permitió retrasar reformas elementales de su “modelo” económico y mantener insustentables políticas de gasto público, asfixiantes controles y una sobrevaluación suicida. En ese tiempo, el gobierno comparaba a China con el Fondo Monetario alardeaba de su su solidaridad y no injerencia. Pero ese apoyo se ha ido desvaneciendo y quizás termine siendo China uno de los factores externos que empujen al gobierno de Maduro a reconocer a la oposición en la Asamblea e incluso a asumir las reformas económicas que ha evadido con tanta obstinación.

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Deuda a referéndum: la odiosa comparación de Venezuela y Grecia

Por Antulio Rosales

Nicolás Maduro anunció en su discurso del 5 de julio que se siente inspirado a seguir el modelo de Grecia. Quizás desconociendo la situación griega o la venezolana, o ambas, el Presidente y otros comentaristas pretenden comparar el ambiente económico de los dos países.

Austeridad

Austeridad

En Grecia no hubo un referéndum acerca del deseo o no de pagar la deuda adquirida, se trataba rechazar las condiciones de austeridad impuestas por los acreedores. Estas condiciones hacen imposible que la economía griega crezca y por ende imposibilitan el pago. Eso lo dicen economistas de distintas corrientes. En eso insiste el gobierno griego, se necesita condonación de parte de esa deuda y dejar que Grecia apunte a un programa expansivo para crecer y poder pagar.

Venezuela ha adquirido deuda tanto en los mercados financieros como en China, Rusia y otros países emergentes. Sigue pagando su deuda y no ha refrendado con la población las condiciones a través de los cuales estos préstamos son adquiridos. Venezuela, además, es un importante acreedor de otros países del hemisferio occidental. Las relajadas condiciones de estos préstamos contrastan en gran medida con los que adquiere el país, y esto tampoco ha sido consultado con la población.

Dadas las circunstancias críticas de la economía, algunos economistas venezolanos en el norte han planteado incluso que resultaba moralmente plausible declararse en bancarrota. A esto, el propio Maduro respondió denunciando a estos analistas como traidores a la patria. Por ello resulta extraño que una posible moratoria griega pueda ser un ejemplo a seguir, se trataría justamente de aplicar las recomendaciones de Ricardo Hausmann, el más conspicuo de los “traidores” antes mencionados. Lo cierto es que una cesación de pagos será posible si el gobierno sigue negándose a tomar cualquier decisión que permita enfrentar la crisis y se encuentre sin reservas, con hiperinflación y más escasez, un camino que parece estar empeñado a recorrer. Hasta ahora, sin embargo, solo mantienen esfuerzos en conseguir más préstamos provenientes de China y Medio Oriente al tiempo que se permiten emitir más bonos en los mercados financieros pagando altísimos intereses.

Pasa inadvertido en la discusión pública nacional, pero lejos de detener el endeudamiento, el gobierno lo impulsa. Y lo que es más importante: recibe pagos a los cómodos créditos que otorga en América Latina y el Caribe con descuentos que ya soñaría recibir algún día de Wall Street o de China. En un contexto de bajos ingresos en divisas, el gobierno se ha conformado con el pago de menos de la mitad de la deuda dominicana y el 60% de la deuda uruguaya, que será cancelada parcialmente en especies.

Cola de la resaca. Tomado de Caracas Caos, foto de Globovisión.

Cola de la resaca. Tomado de Caracas Caos, foto de Globovisión.

Todo ello, en un contexto en el cual Venezuela sufre la resaca de una histórica década de gasto exorbitante, no precisamente de austeridad asfixiante. La situación griega es incomparable con el contexto actual venezolano, incluso si ambos se encontraran en un punto cercano de cesación de pagos. Para que haya un referéndum en Venezuela, primero tendrían que ser públicas las condiciones bajo las cuales el gobierno adquiere su deuda con China o tendría que ser de conocimiento público los descuentos que ofrece Venezuela a sus deudores. En efecto valdría la pena someter a voto popular esas condiciones y quizás ahí surjan inesperadas coincidencias con Grecia.


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Off-shore como condición: zonas económicas especiales y los préstamos chinos

Por Antulio Rosales

Hace un tiempo escribí sobre el acuerdo del gobierno venezolano con empresas chinas para crear Zonas Económicas Especiales en territorio nacional. Poco se sabía en ese momento acerca de los detalles del acuerdo. No aparecieron en Gaceta Oficial, pero dos meses después, con la aprobación expresa de un número aún incierto de Leyes por la vía Habilitante, aparece un instrumento legal que permite la creación de estas Zonas.

El gobierno venezolano se habría estado comprometiendo con China en septiembre a constituir Zonas de producción bajo tratamiento especial para sus empresas meses antes de que existiera un marco legal que lo permitiera. Cabe preguntarse si Maduro estaba al tanto de que firmaba convenios que contravenían el marco jurídico nacional. ¿Cuál habrá sido la intención de suscribirlos antes de siquiera tener una Ley que los contemplara? Como es poco lo que se conoce acerca de los convenios, éstos son quizás simples declaraciones de intención mientras se aprobaba la Ley.

Se abre así un espacio de especulación, pero lo que sí está claro es que en estos dos meses han ocurrido acontecimientos relevantes para la relación entre ambos países. Primero, el precio del petróleo ha bajado considerablemente. Ello provocó la renegociación de los términos de la deuda que Venezuela tiene con China. Una deuda que se paga con envíos de petróleo diarios, contados al precio de mercado, aumenta si el producto con el que se paga tiene una merma en su valor. Venezuela habría tenido que elevar su envío de petróleo si quería cumplir su compromiso y evitar la cesación de pagos. Quizás elevar el volumen de exportación sería muy oneroso o incluso imposible dada la capacidad instalada para la producción. Así, Venezuela solicitó efectivamente una renegociación de la deuda que flexibilizara sus términos. Fueron semanas de discusiones entre diversos analistas sobre los distintos grados de bancarrota, y así Venezuela siguió honrando a sus acreedores de Wall Street, pero reestructuró su deuda con China.

Luego, Maduro anunció que el ministro de economía y finanzas, Rodolfo Marco Torres, iría pronto a China a buscar nuevos acuerdos de financiamiento. Otros acuerdos siguen aflorando, sobre todo en la importación de bienes y construcción de hogares y escuelas. Tiempo atrás, Maduro había enfatizado que los préstamos provenientes de China no implicaban condiciones. Se refería a ciertas condiciones que caracterizaron las deudas con el FMI y el Banco Mundial en los noventa: “el financiamiento que nos da China no está condicionado a paquetes económicos, ni a paquetes de sometimiento social, ni a negación de derechos fundamentales de nuestro pueblo”. Cualquier deuda, más una que asciende los 50 mil millones de dólares tiene condiciones para el que la adquiere. Y la primera y más básica para Venezuela es que paga con petróleo. Luego, hay otras condiciones hasta ahora desconocidas.

El off-shore que suponen las ZEE podrían ser parte del paquete de condiciones que impone China para continuar los empréstitos y flexibilizar los existentes, ante la baja de la cesta de crudo venezolano. A eso hay que sumar como condiciones suaves los ingentes contratos que adquieren empresas chinas para la construcción, pero también la importación masiva de productos de línea blanca, marrón, vehículos particulares y de transporte.

No hace falta tanto, Nicolás, pero ya que insistes.

No hace falta tanto, Nicolás… pero ya que insistes.

Haciendo una revisión de la Ley de Regionalización Integral para el Desarrollo de la Patria (sí, así se llama), ésta estipula además de la exención de impuestos, liberación de restricciones aduaneras para la importación de materia prima y otros estímulos, la obligación de ‘satisfacer el mercado interno’. Sin embargo, las empresas operativas solo podrán vender sus productos a la limitada cadena de empresas del Estado o cadenas establecidas por las propias empresas, sus casas matrices, o destinar la producción a la ‘libre exportación’. Manera rebuscada de decir que están ahí para exportar. Así que se trata de enclaves de producción para la exportación y el comercio intra-industria (de vuelta a China), con total salvaguarda y exención de obligaciones normalmente impuestas por el Estado nacional. Este tipo de arreglos producen pocos beneficios si requieren bienes de capital y materia prima importada, ya que no generan encadenamientos productivos en las zonas donde están instaladas y, además, ni siquiera generan tributos al Estado. Escasamente proveerán ciertos empleos locales que las propias compañías consideren necesarios.

Es cierto, China en su papel de financista no impone que el Estado se ajuste a los fundamentos macroeconómicos del libre mercado; esa no es su agenda, al menos por ahora. Va más allá, obliga la efectiva retirada del Estado de manera selectiva para que sus empresas produzcan y exporten desde el territorio venezolano sin costo u obstáculo alguno.