Fuera de radar


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La agenda LGBTI: un memo que no termina de llegar

Por Antulio Rosales

Cuando se instale la próxima Asamblea Nacional, Venezuela tendrá el récord tristemente célebre de haber contado con 10 años de un parlamento completamente dominado por una facción “revolucionaria” y no haber dado ni un paso para avanzar los derechos de la población que se identifica como Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexo (LGBTI).

Al contrario, en no pocas de sus plenarias, la homofobia fue usada como arma política para menospreciar al adversario. Un diputado, actual candidato a la reelección y comisionado presidencial para la reforma policial, dijo en un programa televisión que cualquier persona podía ser policía, menos un homosexual declarado. Tampoco un varón que use zarcillos o tenga tatuajes. Eso se lo dejó—con menosprecio evidente—a las universidades. Freddy Bernal en efecto hizo pública su adhesión a la doble moral que domina en la sociedad: ser gay está bien, pero escondido. Nadie reprendió al diputado, claro está.

Para estas elecciones, el partido de gobierno impidió que pre-candidatas transexuales y activistas homosexuales pudieran optar por un curul en diciembre. Se les negó el derecho a ser elegidas. El machismo revolucionario y el conservadurismo de iglesias evangélicas que tienen importante influencia en el PSUV tuvieron más peso que cualquier otra consideración, incluyendo el arrastre popular de las precandidaturas.

ACTIVISTAS PRESENTAN PROYECTO DE LEY PARA MATRIMONIO HOMOSEXUAL EN VENEZUELA

Manifestación en favor del Matrimonio Igualitario

Después de diversas manifestaciones y pronunciamientos públicos, los movimientos que buscan la legalización del matrimonio igualitario han sido recibidos por la Asamblea sin mayores éxitos. Hace unos años, el entonces presidente del Parlamento, Fernando Soto Rojas, dijo con claridad que no encontrarían apoyo en la bancada revolucionaria y que les faltaba muchas batallas por luchar antes de ser escuchadas sus demandas Descaradamente, el presidente del Parlamento le dijo a un grupo de electores que seguirán en condición de ciudadanos de segunda y su partido político no hará nada al respecto. Por supuesto, les pidió sumarse a la lucha contra el capitalismo, única importante.

Hace unos meses Nicolás Maduro en un momento de concesiones discursivas de las que nos tiene acostumbrado su movimiento político, pidió “abrir la discusión” sobre el matrimonio igualitario y sobre el aborto. El memo no le llegó al presidente de la Asamblea Nacional.

En la actualidad, son pocas las candidaturas que han asumido el tema de manera abierta. En el circuito 2 de Miranda, tanto Delsa Solórzano como Erika Ortega parecen defender la idea. En todo caso, al instalarse la próxima legislatura, tendrá una deuda que saldar. Otros parlamentos en América Latina han demostrado con madurez que pueden satisfacer una demanda de derechos humanos elemental y que no hace falta pasar por más siglos de marginación para “crear conciencia” en sus sociedades pacatas. El último ejemplo fue la corte suprema colombiana que declaró admisible la adopción por parejas del mismo sexo.

Todos esos parlamentos y tribunales, han practicado el principio básico de separación Estado-iglesias y han avanzado en leyes que facilitan reconocer la humanidad común de su ciudadanía. Se trata de reconocer familias que existen hoy, padres y madres que no cuentan con todos los derechos necesarios para cuidar a las hijas e hijos que ya tienen. Hay quienes en el lecho de muerte tienen negada la posibilidad a estar acompañados por quienes han vivido a su lado por décadas y más aún, se les podría negar el derecho a tomar decisiones fundamentales que a parejas heterosexuales no se le cuestionaría. Es una deuda elemental y saldarla no es otra cosa que una responsabilidad para quienes resulten elegidos.


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La candidatura de Tamara Adrián y pasos despolarizantes

Por Antulio Rosales

Si la candidatura de Tamara Adrián se hace realidad, sería una importante victoria. En especial, sería una victoria para la posibilidad de la despolarización. Pocas veces cuando se menciona la idea de despolarizar, decimos a qué nos referimos. Muchos, desde la política pseudo-profesional y fatua, salen con frases hechas como avancemos a la reconciliación nacional y otras pajas más.

La despolarización se trata también de conflictos, también de pugnas, pero de batallas que van más allá del chavismo y el anti-chavismo.

Cuando Tibisay Lucena y el CNE anunciaron el nuevo reglamento de paridad de género para las elecciones parlamentarias estaba clarísimo que había un interés en medrar a la oposición. Ya el PSUV había dado un paso adelante para incorporar mujeres y jóvenes entre sus pre-candidatos. Estaba anunciado que una movida como esa agarraría desprevenida a la MUD, con sus planchas francamente desiguales.

En efecto, la reacción de la Chuo Torrealba en nombre de la MUD fue cuando menos, vergonzosa. Denunciaba la maniobra por inconstitucional y, a la vez, elevaba a la Unidad como el único factor realmente preocupado por la mujer venezolana, esa singularísima construcción de la polarización venezolana. La acompañaba ahí, en la cola, único lugar donde se puede encontrar la mujer: comprando la comida y, claro está, los pañales. Ese es su rol. Incuestionable. Pero no olvidemos que esta idea ya había sido estrenada por el liderazgo de base del PSUV cuando en el Teresa Carreño denunció un 25 de noviembre que la denominada guerra económica era el mayor acto de violencia contra la mujer que habría emprendido la burguesía jamás. Las razones eran las mismas. Mujer es aquella en la cola. Punto.

No hay tal cosa como *la* mujer

No hay tal cosa como *la* mujer

El anuncio del nuevo reglamento ya planteó un momento despolarizante. De manera casi inadvertida, mujeres activistas de ambos polos celebraron la medida, incluso se retrataron con Lucena. La candidatura de Tamara Adrián es un paso aún mayor. Implica una victoria sustancial para la lucha del movimiento GLBTI así como para el movimiento feminista. Pero también implica un punto a favor de la despolarización. Ahí está, un reglamento hecho por una rectora del poder público que se esmera en complacer al partido de gobierno y que, al mismo tiempo, beneficia y es aprovechado por una activista de Voluntad Popular, uno de los partidos promotores de la salida y un aliado de la corriente radical de la MUD.

La candidatura de Tamara, como parte de las cuotas de género, pone de manifiesto que no hay tal cosa como la mujer venezolana, y que ésta no solo está en una cola, aunque también, como el resto del país. Las mujeres tienen agendas diversas y van más allá de los pañales y la comida. La plataforma que Tamara Adrián y otras mujeres posiblemente lleven adelante traerán temas que descuadren la agenda polarizada. Aunque Maduro y hasta Cabello se han denominado defensores de igualdad de derechos para la diversidad sexual, no han hecho el mínimo avance legislativo en esa dirección aún teniendo un poder casi total. Habrán factores del PSUV favorables al matrimonio igualitario, así como hay connotados homófobos. En la MUD, ocurre lo mismo y será una presencia más diversa de intereses e identidades las que remuevan los prejuicios y los valores igualitarios en lado y lado.

La despolarización pasa por más discusiones, no menos. Será en nuevos debates donde encontraremos aliados diversos e insospechados. Veremos fundamentalistas religiosos de cada bando rechazando debatir la despenalización del aborto o negándose a cambiar normas del registro civil que aún hoy impiden a Tamara Adrián llevar en su cédula su nombre. Es posible, sin embargo, que en plenaria ella esté ahí para defender la causa.