Fuera de radar


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‘Rojo y Azul’ mi vacuna contra la desesperanza

Masaya está mirando

Anoche EL me pidió que le leyera ‘Rojo y Azul’ de Mireya Tabúas antes de dormir. Era una noche larga, después de un fin de semana de desvelos y corazones rotos. Claro que en principio ella no sabía de qué iba el despecho, ni tampoco lo sabía VM que es más grande y atenta al mundo de la política. Las hemos guarecido de tanta noticia incompresible y comportamiento indeseable. Después de todo ¿cómo se explica el absurdo? Trato de guarecer a mis niñas — parte de esa diáspora venezolana que crece y el Estado venezolano desprecia — como familiares y allegados que permanecen en el país protegen a sus críos de la desvergüenza en que se ha convertido la élite política venezolana.

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EL fue muy apropiada en su elección de lectura, porque como siempre, l@s niñ@s saben más de lo que estamos dispuestos a reconocer. ‘Rojo y Azul’ es un…

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Golpista y cobarde

Por Antulio Rosales

En pocas horas ya se ha dicho bastante. Se les cayó la careta. Amaneció en dictadura. Se cerró la última ventana democrática que quedaba.

Con la displicencia que sienten los déspotas por la soberanía popular, el gobierno anuló el Referendo Revocatorio por la vía de tribunales inferiores. Los gobernadores acólitos, esos cuyo mandato fue extendido de manera espuria hace apenas unos días, fueron los encargados de liderar la jugada. En simultáneo, militarizan la autopista Caracas-La Guaira y prohíben la salida del país de unos cuantos líderes de la oposición.

El Presidente devenido dictador se fue antes de todo eso. Salió con la excusa de ir en tour relámpago (¡de cuatro días!) a seguir buscando el anhelado aumento de los precios del petróleo. Como si hubiera sido exitoso en esa empresa los últimos meses. Escogió irse ayer y cuando su avión estuviera cruzando el Atlántico, actuaron los poderes públicos coordinados y bajo órdenes centrales. Actúan con la indolencia que alguna vez tuvieron otros tiranos nacionales. Pero este tiene una característica especial: es un cobarde. Dejó preparado el terreno para truncar la participación popular y no asumió su parte. Lo asomó preguntando en asamblea coreografiada si los presentes estarían dispuestos a volver a perder una elección. La negativa efectiva se la dejó a otros, que actuaron escondidos en tuits y notas de prensa. La doctora Lucena no mostró su cara. Los gobernadores llevaron su demanda fraudulenta a 140 caracteres y Maduro campante se fue a Medio Oriente a buscar nuevos acuerdos dejando la estela militar entre Plaza Sucre y Maiquetía.

Este aventurero golpista decidió no asumir su responsabilidad, vaya forma de traicionar el legado.

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