Fuera de radar


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Otro texto que no te va a gustar

Por Masaya Llavaneras Blanco

Para M.M. y N.Z. por razones opuestas.

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Desafiando la muerte, de Sigfredo Rodríguez. Tomada de  www.caracascaos.com.ve

Hoy empecé a dar clases a estudiantes de pregrado. Nada de estrellato, soy preparadora de una materia de primer año. Como el grupo es pequeño, nos tomamos una parte de la clase para definir las reglas básicas de convivencia que tendríamos en el aula. En la conversación surgieron los temas que se pueden esperar. A nadie le gusta que no se le respete su punto de vista, a nadie le gusta ser discriminado. Entre las conclusiones a las que llegamos como grupo está que estamos de acuerdo a estar en desacuerdo y que nuestro grupo era un espacio para discutir ideas, no personalizar discusiones.

Qué fácil se dice y qué difícil se hace. Con la escuela de vida y la mella en el alma que es Venezuela para mí (entre otras mil otras cosas que no vienen al caso), el tema de la convivencia elemental  constituye un reto cotidiano que he visto adquirir absurdas dimensiones. En una sociedad polarizada se vive con la sensación casi siempre real de que todas tus relaciones – incluso las que pensabas más entrañables – están en juego.

Familiares distanciados entre sí, incluso lo que jugaron juntos y fueron cómplices toda la infancia. Gente amada que debió trabajar usando un chaleco antibalas pues iba vestida con ropa que le identificaba como chavista lo cual le hizo objeto de disparos durante el duro año del 2002. La sensación y casi certeza de que alguien que conoces desde niña está dispuesta a compartir información sobre tu vida personal en las redes sociales, especialmente entre quienes hablan con odio sobre tus ideas o sobre las de aquellos a quienes amas. Gente que es capaz de poner en riesgo tu bienestar físico por pensar distinto.

Un día coincidí con una amiga de mis padres de toda la vida en una reunión de trabajo. Ella estaba allí como representante de la sociedad civil, yo como representante de una organización gubernamental. Con una sonrisa me dijo que yo estaba sentada del lado equivocado de la mesa, que yo realmente debía sentarme de su lado. En ese momento tomé su comentario como una petulancia y una provocación. Con los años, sin embargo, lo reinterpreto como un comentario más cuidadoso – profundamente honesto y hasta afectuoso. Sus palabras se encuentran en perfecto contraste con la barbarie de las balas cobardes disparadas a la distancia contra gente que amo. Su honestidad y su respeto – pues finalmente cada una conversó con la otra desde su trinchera – están a años luz de las relaciones cercenadas y la hipocresía a la que nos somete la autocensura. A la larga creo que pertenezco más a la sociedad organizada – y siempre civil – que a los bandos politiqueros y a la banda de la repetición. Pero de nuevo, esa es otra historia que no viene al caso.

Siempre he sido incómoda y profundamente amiguera. Me gusta la gente. Me gusta la gente distinta, me gusta conocer al otro. Creo profundamente en la empatía, en entender lo diferente, en dialogar. Y sé de diversidad. Soy la niña becada de los colegios privados. Soy “la licenciada” que pateó barrios y ha compartido sancochos en pote de chisgüis. Soy la analista del banco que siempre iba en zapaticos llanos y sin maquillaje. Soy la prima chavista que nadie entendió:

– “Ella tan preparada y anda con esa gente.”

Soy la hija desclasada que ya no aguanta la barbarie en que devino el chavismo:

– “Ella tan comprometida que se veía y mírala de intelectual que porque   estudia un posgrado se le olvida que es pueblo.”

¿Ves? Te advertí que este era otro texto que no te iba a gustar.

Me niego a ser coro de tus intereses, aunque no los veas. De tu ceguera, de tu profundo egoísmo.

Y a mí que no me pregunten quién mueve los hilos de la economía mundial quien no se atreva a preguntarse de dónde viene la plata del gobernador o del diputado amigo. A mí que no me pregunte sobre los enriquecidos y los intocables quien se niega a preguntarse por qué hay voces silenciadas dentro y fuera del chavismo. Que no me pregunten quién siembra lo que comemos si no se atreven a preguntar, hasta las últimas consecuencias, quién permitió que se pudrieran toneladas de alimentos de PDVAL.

Me niego a la obligación que me impones de ayudarte a dormir tranquila a costa de mi silencio.

Hace hace rato que acordé estar en desacuerdo.

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Niño al agua 2, de Alejandra López. Tomada de  www.caracascaos.com.ve

 


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El lente de Allende y la marea hiperinflacionaria

Por Antulio Rosales

Carmen cayó rendida, exhausta y humillada junto al lente de Salvador Allende a las 3 de la mañana después de 11 horas de cola. Logró comprar detergente, pollo, carne, toallas sanitarias, papel higiénico, champú, aceite y pasta. La bolsa le costó 3.600 bolívares. Fue el 27 de noviembre de 2015, a pocos días de las elecciones del 6 de diciembre. Ese día llamaron a los funcionarios del Ministerio a comprar en un Mercal organizado exclusivamente para ellos. Era momento de aprovechar para llenar las alacenas con el empobrecido sueldo, y ocasión para chantajear al funcionariato para que votara por el PSUV días más tarde.

La cola fue extenuante. Ella era la número 645. Desde afuera golpeaban los portones, los vecinos y otros grupos organizados. Hubo coñazos y hasta tiros. El funcionariato fue protegido en su humillación-privilegio, pero hubo forcejeos con uniformados que agarraron lo suyo sin hacer la cola. Cayeron sus cuerpos cansados y dolidos a las 3 de la mañana junto al lente de Salvador Allende en sillas improvisadas. En algún momento Carmen despertó porque una vieja amiga de la universidad y compañera de trabajo la vio y se sorprendió de encontrarla ahí. Ninguna de los dos creía completamente dónde estaban.

El lente de Allende

El lente de Allende

A Nicolás Maduro le fascina la figura de Salvador Allende. Durante su tiempo en la Cancillería, el sobrino de Cilia Flores, Erick Malpica, se avocó a una costosa remodelación del edificio del Ministerio, como lo había hecho tiempo antes en la Asamblea Nacional. Era el administrador del Ministerio, también lo había sido del parlamento y lo sería luego de la Vicepresidencia. Lo esperaría la Tesorería Nacional y la vice-presidencia de finanzas de PDVSA cuando el tío llegó a la cúspide del poder. Taladraron el mármol negro del lobby de la Cancillería, el piso Simón Bolívar, y lo reemplazaron con otro material. Instalaron una escultura de gran tamaño, un lente roto, el de Salvador Allende, simbolizando sus restos el 11 de septiembre de 1973.

El 6 de diciembre un aluvión de votos aterrizó en Plaza Caracas contra Maduro y su partido. El presidente aceptó la derrota sin reconocer la realidad. Según Maduro, ganaron los malos, la guerra económica, el fascismo. En su afán de heroísmo se sintió víctima de un golpe, como Allende. No ha podido aún reconocer su parte en el problema, no se enteró de que en las colas, la gente que se abalanza por un pollo, los que revenden y los que no, son víctimas de sus políticas.

Ahora además declara una guerra contra la gente. Desmantela formalmente el Banco Central de Venezuela y oficializa las funciones que ha venido asumiendo en los últimos años. Ministerio de impresión monetaria, financiador del déficit y leña del fuego inflacionario. Invita al gabinete económico a quienes argumentan que monetización del déficit no incide en el alza de los precios. Impulsa el modelo de controles, pero además, decreta la legitimidad de la opacidad. En términos concretos, el gobierno declara la especulación como regla de vida, si no ¿cómo podríamos planificarnos sin conocer siquiera los más elementales indicadores que nos rigen? Solo queda espacio para la elucubración.

El gobierno quema sus últimos cartuchos, defiende su modelo y se lanza al vacío. Mientras, un septuagenario con poder recién adquirido invierte tiempo útil en personalmente deshacerse de imágenes que rindan cultos paganos.

La pedantería adeca se detiene en alimentar excusas para la diatriba fácil, sin advertir la seriedad de las faenas por venir. Al tiempo, el liderazgo chavista se empeña en taladrar con voluntarismo obcecado cuanto piso de mármol encuentre para hundirse más. La marea hiperinflacionaria no respeta portones, ni guardias a medio entrenar, se lleva todo por delante, se salva quien agarre algo primero, y continúa su feroz camino al día siguiente.

 


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Traiciones, medidas y videotapes

Por Antulio Rosales

¿Cuáles son las condiciones que acepta el gobierno venezolano para recibir préstamos de China? ¿Quiénes las negocian? Cuando los oficiales del gobierno están pensando en la grave situación de la economía nacional y conversan con sus allegados más poderosos también pensarán en escenarios. Esas conversaciones no quedan grabadas. Y si están grabadas, el presidente de la Asamblea Nacional no tiene la deferencia de compartirlas con sus televidentes.

En el último año, he tenido entrevistas con múltiples figuras que trabajan temas de economía y petróleo en Venezuela. Gente de distintos ámbitos del espectro político. Algunos consideran que acudir al FMI sería lo más razonable para cualquier Estado en una situación como la que tiene Venezuela, serían préstamos con condiciones para estabilizar, liberalizar y poder pagar de vuelta. Otros piensan que no hace falta, que solo con un ajuste del tipo de cambio, con sincerar el sistema de precios, especialmente del combustible y otros bienes y servicios básicos, sería suficiente. Y claro, hay algunos que piensan que China siempre puede dar más y el modelo bolivariano de controles aguanta todavía, aunque esté obligado a hacer algunos ajustes.

Ninguno, a mi modo de ver, es traidor a la patria. No sé ni siquiera cómo se podría evaluar eso. Lo que sí creo es que aquellos que se encuentran en el poder tienen la obligación, no solo moral sino también legal, de ser transparentes. A ellos les corresponde hacer públicos los acuerdos que suscriben con otros países, los términos bajo los cuales endeudan al país e incluso los términos bajo los cuales perdonan deudas por cobrar. Ellos están obligados a dar cifras, incluso cuando se sientan que libran una guerra. La idea absurda del diputado José Ávila de que el gobierno está exento de cumplir con la Ley porque los actores económicos generan distorsiones especulativas es imperdonable. No sé si será un traidor ese diputado, lo que sé es que es un irresponsable y no está capacitado para formar parte de la comisión de Finanzas de la AN. Los datos de inflación y escasez los debemos conocer todos, y sí, las cuentas las deben sacar los técnicos del BCV, esos “saboteadores” que se rehúsan a convertir los métodos de cálculo en ágapes revolucionarios durante los mercados populares y las colas sabrosas de Jaqueline Farías. La inflación no puede pasar a ser otro indicador del voluntarismo gubernamental con la excusa de que está bajo ataque.

¿No tendrá otra cosa que hacer?

¿No tendrá otra cosa que hacer?

Si Hausmann y Mendoza están jugando posición adelantada y negociando con el FMI un hipotético acuerdo que no podrán celebrar mientras no estén en el gobierno, eso es asunto de ellos. Les corresponderá rendir cuentas si se vuelven poder. Pero en este momento, es el PSUV y Nicolás Maduro quienes deben rendir cuentas sobre los últimos préstamos chinos. Que le explique al país cuál es la tasa de interés, a qué precio del barril se calculan los pagos, cuándo se espera que termine esa línea de crédito y cuándo comenzará la siguiente. Cuáles son las condiciones soterradas. Los 50 mil millones que estarían negociando Hausmann y compañía con el Fondo ya los ha prestado China y poco sabemos sobre eso. Le corresponde a Maduro desmentir al diputado Ávila y le corresponde a Merentes publicar las cifras. Le corresponde a Elías Jaua explicar por qué necesitan construir una nueva victoria electoral para tomar las medidas que saben que son imperativas. Le corresponde al presidente de la Asamblea Nacional decir por qué no las toman hoy, cuando ya tienen una mayoría aplastante en vez de sentarse en sus millones y en su estudio de TV a hacer cotilleo de élite.


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La doctrina del rabo de paja

Por Antulio Rosales

La defensa a la soberanía nacional que tan fervientemente atesora el gobierno venezolano será elevada a un nivel doctrinario y quedará retratado en la historia nacional por generaciones. La nueva doctrina podrá denominarse doctrina del rabo de paja. Es muy simple pero a la vez efectiva. Nadie osará emitir opinión alguna sobre los asuntos internos nacionales o incluso su proyección internacional puesto que, ipso facto, saldrá de nuestros escritorios de Carmelitas el prontuario más oscuro de la nación agresora. Así, se denunciará la doble moral del habla-paja y nosotros tan campantes continuaremos con nuestras cosas.

El aspecto central de la doctrina es la contundencia, pero también la elegancia. Cuando le respondemos a Chile por su ‘intromisión‘ sobre las decisiones judiciales que, de manera autónoma, independiente y diáfanamente legal toman nuestros poderes públicos, sacamos cada uno de sus conflictos internos, toda su historia de violación a los derechos humanos, cualquier asunto por resolver. Todo lo listamos, uno a uno, desde Pinochet hasta los Mapuche, pasando por los estudiantes y, luego, decimos con tono de señora respetable: nosotros jamás nos meteríamos en sus asuntos por resolver. Elegante.

Podemos deportar a miles de ciudadanos colombianos en situación irregular, posiblemente destruirles el rancho y dividir sus familias. De manera ejemplarizante entonces, otros veinte mil más saldrían de forma voluntaria, pero si alguien reclama, en especial el vecino, responderemos apegados a nuestra doctrina. ¿Qué moral puede tener aquel que inventó los falsos positivos? Nosotros expulsamos unos pocos miles, otros más se fueron porque quisieron, en cambio ustedes han forzado históricamente a millones fuera de sus hogares, pueblos y ciudades en una guerra fratricida en la que solo ustedes son responsables. Listo, se acabó. Saquen bien sus cuentas: nosotros seguimos ganando.

Lo bueno de esta doctrina es que siempre habrá algo por decir. Todos tienen rabos de paja y las unidades de medida siempre se pueden cambiar a capricho, desplazados de décadas por deportaciones de días serán equivalentes. Y si los números nos fallan, no importa porque siempre podemos ignorarlos ¿verdad que sí Dr. Merentes? Mire pues, así lo hicimos a lo interno: cuando nuestra inflación finalmente superó la de Caldera en 1994 suprimimos la data.

Casita amarilla para llenar perfiles de rabos de paja

Casita amarilla para llenar perfiles de rabos de paja

Con esta nueva doctrina que lleva el sello Rodríguez de calidad, siempre caeremos parados, y además, podemos dar muestras de nuestra inagotable generosidad. Si alguien denuncia que posiblemente entre los deportados hayan personas refugiadas, aprovecharemos la crisis de refugiados más importante de las últimas décadas y ofreceremos recibir a 20 mil personas provenientes de Siria. No decimos cómo, no decimos cuándo, no decimos bajo qué condiciones será recibida una cantidad de gente equivalente a la que se ha ido caminado por el río Táchira. Lo importante es que eso nos hará ver mejor que Francisco I y René Pérez juntos.

Nuestra credibilidad aumenta con el paso del tiempo. Nuestras declaraciones francas y apasionadas nos hacen merecedores de la admiración de los seres más maduros y conscientes del planeta, de todos aquellos que realmente creen en la justicia social. Demostramos que sabemos sacarle cuentas a todos y que nuestra moral siempre estará impoluta.


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La xenofobia a la orden del día

Por Ybelice Briceño L.

Cuando estudiaba en el liceo era frecuente leer en las calles de Caracas pintas como estas: “Mata a un colombiano y vive un día Pepsi” o “Gracias Armero por mater tanta mierda junta” (en macabra alusión a la trágica erupción del volcán de Armero). El sentimiento anticolombiano estaba a la orden del día; era frecuente en los chistes, el bulling y otras formas de violencia simbólica así como formas de violencia física e institucional (como las redadas policiales para detener “indocumentados”, por ejemplo). Con la llegada de socialismo del siglo XXI en la última década, pensé que el sentimiento xenófobo anticolombiano era algo relativamente superado o al menos difícil de profesar y defender abiertamente en el espacio público. Ahora, no salgo de mi asombro cuando veo que es promovido y alentado por miembros del propio gobierno, que es reproducido por militantes de izquierda y practicado por compañerxs con formación política o que hacen trabajo comunitario.

¿En qué momento el pueblo colombiano dejó de parecernos un pueblo hermano (objeto de políticas represivas excluyentes en su país) para ser un pueblo de maleantes y paramilitares, un enemigo externo que vive entre nosotros, al que hay que vigilar y denunciar? ¿Cuándo lxs inmigrantes colombianxs residentes en el país dejaron de ser merecedorxs de una vida digna con sus derechos cubiertos (como el derecho a tener identificación y así poder votar en las elecciones por nuestro proyecto) para a ser un contingente de “paracos” y “bachaqueros” que en el mejor de los casos debe ser deportado? ¿Cuántos chivos expiatorios se necesitan para intentar tapar los fracasos u omisiones de nuestras políticas públicas? ¿Cuál es el límite ético de la instrumentación política de nuestros problemas con fines electorales?

Seguramente alguien saldrá en defensa del discurso xenófobo poniendo ejemplos de un caso (o muchos casos) de personas de nacionalidad colombiana que practican el “bachaqueo” (como tantxs otrxs venezolanxs, de cualquier bando político) o que incurre en alguna práctica “delictiva” o no legal. Semejante “argumento” no requiere demasiado análisis. Basta con evidenciar su semejanza con el núcleo argumentativo del discurso racista, xenófobo y colonial enarbolado por los gobiernos y la derecha europea en contra de los inmigrantes africanos, asiáticos y latinoamericanos. Cualquier defensor del discurso europeo anti-inmigrantes también dirá que los africanos, los moros y los sudacas en su mayoría “son ladrones”, les “quitan el trabajo”, se “llevan su riqueza”, etc. Sin embargo, es difícil imaginar que este discurso sea defendido (al menos de manera abierta) por miembros de grupos de izquierda o de ideologías anti-sistema en otras partes del mundo.

¿En qué momento la xenofobia pasó a ser parte del imaginario bolivariano? ¿Cómo es que podemos hacer compatible el discurso de la democracia protagónica, de la justicia social y de la integración de los pueblos con la más abierta xenofobia y el chauvinismo más ramplón?¿Cuántos pasos hay de este discurso violento, a las amenazas, la agresión o el linchamiento de un vendedor ambulante, de una vecina o de un compañero de escuela? Parece que la crisis que atraviesa el país está alimentando los sentimientos más bajos y peligrosos. Y que la “madurez política” de la que nos jactamos durante todos estos años se fue al traste de un día para otro.

 

 

La amenaza

La amenaza


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El chavismo no madurista

Por Antulio Rosales

Hace pocas semanas, Benigno Alarcón, un profesor de la UCAB, mostraba en el programa de Vladimir Villegas el resultado de un estudio de opinión realizado recientemente, donde reflejaba el surgimiento de un sector importante de la población que se decanta por una suerte de chavismo anti-madurista. Un 15% de los consultados se sienten defraudados por la gestión de Nicolás Maduro y su gobierno bicéfalo secundado por el presidente de la Asamblea Nacional, pero no están listos para identificarse con la oposición—salidista o MUDista— y se denominan fieles al legado de Chávez.

Con la intensificación de la crisis económica y el necesario acomodo de la nueva élite gobernante, es claro que varias individualidades, muchos derrotados por los nuevos caciques del chavismo, han tratado de hacerse de ese grupo creciente de decepcionados. Es un territorio en disputa, donde el propio gobierno tiene importante ascendencia por la vía de transferencias materiales y simbólicas, pero también es un espacio en el que diversas corrientes esperan capitalizar el mermado apoyo popular de la Revolución y prefigurar una alternativa dentro del propio proyecto político. Resulta difícil bajo un sistema electoral que avala el ventajismo y que premia a desproporcionadamente a las mayorías ver a un tercer grupo que pueda capitalizar suficiente descontento como para representar una amenaza a la polarización. Sin embargo, si las preferencias electorales del gobierno siguen en descenso, las posibilidades a mediano y largo plazo de un neo-chavismo se elevan. Ahora bien ¿quiénes son y qué representan estos revolucionarios?

Los potables y la ultra

El primer grupo, que ha recibido considerable atención, lo lideran Marea Socialista, una corriente interna del PSUV que ha exigido mayores espacios de discusión y democracia partidista. Sus más conspicuos representantes son los ‘potables’ Nicmer Evans y Heiber Barreto, por un lado, y Gonzalo Gómez, por otro. Los primeros vienen de los rangos medios y altos de la revolución, son profesionales que han aprovechado la onda mediática para ganar cierta presencia nacional. El último es la figura visible del portal Aporrea, la más importante iniciativa de debate digital del chavismo no-gubernamental. A ninguno se les puede acuñar responsabilidad mayor en alguna política visible del gobierno, aunque lo hayan acompañado y apoyado desde sus inicios. Marea tiene como principal bandera la auditoría al mecanismo de asignación de divisas bajo el control de cambios, a través del cual se estima que ocurrieron importantes fugas fraudulentas de capitales a empresas de maletín.

Propuesta bandera de MS

Propuesta bandera de MS

De sus postulados queda poco claro si endilgan al sistema mismo algún problema intrínseco. De hecho, por momentos pareciera que apuestan por un control de cambios ‘honesto’ luego de una suerte de auditoría nacional a imagen de la ocurrida en Ecuador en los primeros años del gobierno de Rafael Correa. Tal silencio frente a la esencia del modelo de controles y el uso de las denuncias del defenestrado Jorge Giordani avala la cercanía con este ex-ministro de planificación y principal responsable de la política económica de la Revolución durante una década. A Giordani se le suman otros ex-ministros que se han incorporado a la iniciativa de auditoría y a las críticas sobre la poca transparencia y autoritarismo en las filas del PSUV.

Con ellos podría incluirse a Eduardo Samán, viejo amigo de Aporrea, un representante de la autodenominada ‘izquierda radical’. Samán sí defiende con elocuencia los parámetros económicos de la planificación centralizada, con importantes dosis de voluntarismo, una burocracia ‘efectiva’ y principista que tuerza el brazo a la especulación y la usura propia del capital.

Los guerrilleros

Más tímidamente se asoman unos antiguos ex-guerrilleros que han insuflado las páginas pro-gobierno con enunciados cargados de conciencia revolucionaria y odio a la oligarquía. Este grupo, que identifica a Rafael Ramírez como el más lúcido heredero y defensor del legado de Chávez, considera las elecciones burguesas como una trampa falaz en la cual ha caído la ‘socialdemocracia’ que representa—según ellos—el gobierno de Maduro. Al leer y escuchar Un grano de maíz es evidente que una alianza entre éstos y los potables no es factible. Quizás lo sea con individualidades como Samán y algunos ex-ministros más claramente identificados con el marxismo tradicional. Eso sí, la posición de este grupo con respecto a las propuestas de reformas económicas que el propio Rafael Ramírez planteó como necesarias antes de su partida del gobierno, es una interrogante.

Más allá del chavismo

También han surgido algunos antiguos altos funcionarios del chavismo que se han mostrado críticos del gobierno en debates públicos y con deseos de incidencia. Pero éstos, especialmente Felipe Pérez Martí, también parecen cuestionar el propio modelo y han avanzado en proponer medidas que podrían ser apoyadas más allá del chavismo, medidas defendidas como racionales por Pérez Martí, pero que le han ganado el título de neoliberal por los portavoces de la política gubernamental. Víctor Álvarez, otro economista y cercano al primer grupo por vía del Centro Internacional Miranda, ha sido igualmente cuestionador del modelo de control de cambios que ha sobrevaluado el bolívar, elevado las importaciones y acabado con el aparato productivo nacional.

Perspectivas del chavismo no madurista

Estos grupos, en general marginales del debate público nacional, y carentes de recursos propios, en algo se parecen a la llamada izquierda ‘infantil’ ecuatoriana, como despectivamente los llama Rafael Correa. Son defensores de la Revolución y en su mayoría principistas y voluntaristas, críticos de ciertas alianzas con el capital internacional y la burguesía nacional. A diferencia de aquellos, éstos no han presentado una agenda alternativa en cuanto a lo ambiental se refiere, no han hecho referencia a cómo trascender el modelo rentístico petrolero. Tampoco tienen una agenda pública sobre temas de género o políticas identitarias; no han mostrado su apoyo, por ejemplo, al matrimonio igualitario o la despenalización del aborto. Además, a diferencia de la izquierda ecuatoriana, se desprenden del gobierno de forma tardía y, convenientemente, con la muerte del líder carismático. Ninguno de ellos han planteado una suerte de mea culpa sobre la situación actual que vive el país, pese a que haya sido sembrada por decisiones de las que muchos de ellos fueron responsables y partícipes en los últimos 16 años, siendo el caso más paradigmático el de Jorge Giordani.

Aunque las perspectivas de éxito electoral del chavismo no madurista son limitadas y dependen en gran medida de que se unan en un grupo coherente, cosa poco factible, su principal alcance es plantear falencias evidentes del gobierno incluso bajo la óptica revolucionaria. Un punto en el cual parecen unirse es en la idea de que en el PSUV falta debate, se dieron cuenta—tal vez un poco tarde—que la conducción del proceso es poco democrática y, ahora, consideran que es un problema. Ponen de manifiesto la mediocridad del liderazgo que dejó Chávez y claman por más debate; pero lo más importante que ponen de relieve es que el chavismo es, en tiempos de crisis, terreno en disputa.