Fuera de radar


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El sondeo de Miraflores: levante la mano quien le va al Real Madrid

Por Antulio Rosales

Miraflores

¿Dónde está la gente del Barça?

Después de cuatro horas de retórica y argumentos circulares, Nicolás Maduro empezó a decir las verdaderas medidas que tomaría. A casi tres años de haber asumido el poder, a más de un año de la caída del precio del petróleo y luego de siete trimestres en recesión, el presidente decidió hacer algo. Primero puso voz bajita, usó tono melancólico para aumentar la gasolina, pero no le duró mucho y optó por bajar la tensión. Preguntó a qué equipo le iban en futbol. Diosdado levantó la mano con convicción cuando nombraron al Real Madrid. Ya en ese momento todo estaba dicho.

Como varoncitos que nunca crecieron comenzaron a levantar la mano los magallaneros, los caraquistas y otros seguidores de alguna franquicia deportiva para que entre aplausos Nicolás dijera que el precio de la gasolina pasaría a 1 y 6 bolívares por litro. No atinó a reconocer el precio que se paga por un tanque hoy. Ni el precio de un refresco, ni de una malta o de una empanada. Así de despegado de la realidad está el Presidente.

A la quinta hora, anunció el aumento del tipo de cambio oficial de 6.3 a 10 bolívares y la eliminación del SICAD (el cupo de viajeros) para pasarlo a una tasa flotante, pero controlada que ahora marca poco más de 200 (el actual SIMADI). Es decir, los importadores fantasmas de bienes de primera necesidad ahora tendrán ganancias 3.7 bolívares menores que antes. Con un dólar a mil, ahora ganarán solo 990 bolívares cuando los vendan en el mercado paralelo. Así piensa Maduro pasar del rentismo petrolero al socialismo productivo. Todo ello coordinado por un empresario patriota: una manguangua pues.

El presidente en algún momento decidió ponerse francote y dijo que el rentismo se había agotado. Descubrió el agua tibia. Viene agotándose desde hace décadas. Aún así, el propio Chávez recibió el gobierno con un mecanismo estructurado para enfrentar las fluctuaciones de los precios y desacoplar al Estado de la dependencia en la renta. El gobierno acabó con ese fondo de estabilización y generó mecanismos de todo tipo para chupar la renta y gastarla de forma discrecional. Ahora el gobierno empeña el oro y busca certificar diamantes. Esa es la transición que vive la economía venezolana: de capitalismo rentístico a mercantilismo bolivariano. Ahí radica dimensión de la crisis actual, haber despilfarrado la mayor bonanza de la historia y estar ahora rasgando minas para certificar nuevos minerales.

Cerró la alocución anunciando el otorgamiento de transferencias selectivas a los hogares más pobres, ya las transferencias no serán universales. Se fueron del Salón Ayacucho con el chiste de que no habían decretado ajuste alguno, que estaban protegiendo al pueblo. Los únicos protegidos son los que pueden ahora directamente ejercer actividades de extracción, transporte y comercialización de hidrocarburos sin rendirle cuentas al Ministerio de Energía y Petróleo, sino a un grupo de Generales. Quienes ejercen las prácticas ilícitas más comunes, ahora tienen empresa propia, con beneplácito del Estado. Lo que arrojó el sondeo de la fanaticada del Madrid es que protegidos se mantienen aquellos que reciben dólares regalados para importar quien sabe qué. Un ajuste ortodoxo no es, sin duda. El ajuste está en lo que el ente emisor denomina “la apreciación de existencia de acaparamiento”, que se ubica en 87,0%. Esa figurilla discursiva, la apreciación de existencia de acaparamiento, es lo que antes llamaban escasez y son los 9 de cada 10 productos que no se encuentran en los anaqueles. El ajuste real es la caída del valor del ingreso de los trabajadores, mientras aumentan salarios que ya se comió la inflación.

Ahora bien, levante la mano quien le va al Real Madrid.


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El Mundial de Fútbol, odisea viajera y el ajuste suave

Raúl Cárdenas F.

Justo hoy se completa un arduo y largo proceso personal por encontrar un pasaje que nos lleve pronto a Venezuela. Hoy mismo, el gobierno decidió dar un paso más para sincerar el tipo de cambio y le dijo a los venezolanos que terminó la manguangua de los pasajes a dólar ultra-subsidiado.

La culpa es de la capibara

La culpa es de la capibara

Necesitábamos llegar y pronto. Mis pesquisas arrojaban rebuscadas vueltas por todo el hemisferio para llegar de Canadá a Caracas. Los precios eran prohibitivos. Para sumar al estrés, aparecían noticias de nuevas aerolíneas que anunciaban su decisión de dejar de vender boletos, o su partida definitiva del país. La principal autoridad del área, vice-presidente económico, ministro y presidente de PDVSA, anunciaba que todo esto era por culpa del Mundial de Fútbol. Las aerolíneas se iban porque necesitaban cubrir la demanda de los fans y los equipos. Un mensaje para consumo interno porque, vamos, ¿quién podría creerle semejante absurdo? El propio Nicolás Maduro amenazó, tal vez también a nosotros mismos, con eso de ‘aerolínea que se vaya, no regresa’.

Ligando a la solidaridad revolucionaria intentamos ir por La Habana, no era opción. Aruba ya estaba vendido todo. Luego, olvidamos la era digital y pedimos ayuda profesional y con un agente de viaje logramos algo.

En simultáneo, el gobierno decidió pagar parte de la deuda con las aerolíneas. Y además, devaluó el bolívar para quienes compren pasajes desde Venezuela a la tasa de SICAD II, también subsidiada pero cinco veces más cara que SICAD I. Lo hizo a su muy particular estilo, gobernando al detal, con pasito tun-tun y sin llamar la medida por su nombre. Gobierno ‘fijará’ boletos a tasa SICAD II, dicen los titulares. Aquí no hay devaluación. Pero más importante aún: no hay ajuste.

Lo cierto es que el gobierno bolivariano, con sus eufemismos y gradualismos, está sobrellevando este cómodo default que tenía con los proveedores internacionales; todo con un ajuste de a poco, un ajuste suave. El salidismo ha sido posiblemente el mejor aliado del gobierno, dándole un formidable chivo expiatorio, un golpe suave que ocupa toda la atención en el contexto de estancamiento, devaluación, escasez y su correlato evidente: aumento de la pobreza.