Fuera de radar


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Petróleo y constituyente: la última piñata

Por Antulio Rosales

Escarrá

Póngame la piñata por aquí

Mientras vemos silentes e impotentes a Venezuela deshacerse en un espiral de violencia,  algunos candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente corporativa que promueve el gobierno de Nicolás Maduro han venido haciendo anuncios inquietantes acerca del devenir del petróleo en la post-República.

Vale la pena recapitular el contexto en el que la Constituyente emerge. En términos globales: bajos precios del petróleo. Ello debido a la sobre saturación del mercado, apuntalado especialmente por el petróleo de esquisto estadounidense; y una demanda en descenso, por la caída relativa del crecimiento económico en China y otras potencias emergentes. En Venezuela, se presenta la peor crisis económica de la historia, con graves implicaciones para la industria petrolera: disminución acentuada de la producción, sobre todo de los campos que dependen de PDVSA y, por ende, mayor dependencia en los crudos extraídos con socios extranjeros. Crudos más pesados y, además, menos rentables.

Para tratar de paliar la situación, el gobierno ha buscado incentivar nuevas inversiones, como es común en épocas de precios bajos. Ha ofrecido activos de CITGO como garantía para refinanciar sus bonos de la deuda. Se comprometió en una política de ambiciosa expansión minera, con fuerte resistencia social y poco entusiasmo entre inversionistas. Y, finalmente, trató de avalar modificaciones a la estructura de las Empresas Mixtas en la Faja Petrolífera del Orinoco sin contar con la aprobación del Parlamento. Es decir, buscaba vender activos a precios de gallina flaca a empresas extranjeras – seguramente de países aliados – a espaldas de la soberanía popular.

De ahí viene el conflicto que hoy tenemos, de las famosas sentencias 155 y 156 en las cuales el TSJ disolvía la Asamblea Nacional, pero además permitía al gobierno saltar los procedimientos de contrapesos contemplados en la Ley de Hidrocarburos.

En ese contexto, el candidato a constituyentista Hernán Escarrá anunció que la ANC debía estatizar completamente la industria petrolera. Se aventuró incluso a sugerir la redacción de un nuevo artículo 303 que taxativamente estatizara la industria. Desde que la izquierda venezolana lograra la aprobación de la Ley de Reversión de los hidrocarburos en el Congreso a comienzos de los años 70 del siglo pasado, un estatismo tan pronunciado no era pregonado a ese nivel. Ni Hugo Chávez propuso algo así. Incluso su campaña de plena soberanía petrolera– hecha en un momento de precios elevadísimos y un contexto de apoyo interno y respaldo externo muy distintos a los que cuenta Maduro hoy – se cuidó de mantener la inversión extranjera en el país.

Es que el anuncio contradice lo que el gobierno ha venido buscando con sentencias como la 155 y 156. Es posible que Escarrá solo busca alebrestar un momentáneo sentimiento nacionalista para luego negociar con las preocupadas empresas que habrán iniciado sus consultas con las estructuras de poder. Como dice Francisco Monaldi, es en todo caso un suicidio para el propio Estado. Implicaría acabar con la poca producción que mantiene a flote el ingreso de divisas que tiene el país. Esas escasas divisas que permiten importar lo poco que se consume y lo que se paga en deuda. Si algo está claro es que el Estado venezolano en solitario no podría mantener el nivel de producción que hoy tienen empresas mixtas.

Pese a lo irracional, es un anuncio que puede emocionar a aventureros armados y apoyados que quisieran extraer unos centavos más de un botín que se ha visto mermado. Escarrá está quizás anunciando el último capítulo de esta piñata-República.

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Off-shore como condición: zonas económicas especiales y los préstamos chinos

Por Antulio Rosales

Hace un tiempo escribí sobre el acuerdo del gobierno venezolano con empresas chinas para crear Zonas Económicas Especiales en territorio nacional. Poco se sabía en ese momento acerca de los detalles del acuerdo. No aparecieron en Gaceta Oficial, pero dos meses después, con la aprobación expresa de un número aún incierto de Leyes por la vía Habilitante, aparece un instrumento legal que permite la creación de estas Zonas.

El gobierno venezolano se habría estado comprometiendo con China en septiembre a constituir Zonas de producción bajo tratamiento especial para sus empresas meses antes de que existiera un marco legal que lo permitiera. Cabe preguntarse si Maduro estaba al tanto de que firmaba convenios que contravenían el marco jurídico nacional. ¿Cuál habrá sido la intención de suscribirlos antes de siquiera tener una Ley que los contemplara? Como es poco lo que se conoce acerca de los convenios, éstos son quizás simples declaraciones de intención mientras se aprobaba la Ley.

Se abre así un espacio de especulación, pero lo que sí está claro es que en estos dos meses han ocurrido acontecimientos relevantes para la relación entre ambos países. Primero, el precio del petróleo ha bajado considerablemente. Ello provocó la renegociación de los términos de la deuda que Venezuela tiene con China. Una deuda que se paga con envíos de petróleo diarios, contados al precio de mercado, aumenta si el producto con el que se paga tiene una merma en su valor. Venezuela habría tenido que elevar su envío de petróleo si quería cumplir su compromiso y evitar la cesación de pagos. Quizás elevar el volumen de exportación sería muy oneroso o incluso imposible dada la capacidad instalada para la producción. Así, Venezuela solicitó efectivamente una renegociación de la deuda que flexibilizara sus términos. Fueron semanas de discusiones entre diversos analistas sobre los distintos grados de bancarrota, y así Venezuela siguió honrando a sus acreedores de Wall Street, pero reestructuró su deuda con China.

Luego, Maduro anunció que el ministro de economía y finanzas, Rodolfo Marco Torres, iría pronto a China a buscar nuevos acuerdos de financiamiento. Otros acuerdos siguen aflorando, sobre todo en la importación de bienes y construcción de hogares y escuelas. Tiempo atrás, Maduro había enfatizado que los préstamos provenientes de China no implicaban condiciones. Se refería a ciertas condiciones que caracterizaron las deudas con el FMI y el Banco Mundial en los noventa: “el financiamiento que nos da China no está condicionado a paquetes económicos, ni a paquetes de sometimiento social, ni a negación de derechos fundamentales de nuestro pueblo”. Cualquier deuda, más una que asciende los 50 mil millones de dólares tiene condiciones para el que la adquiere. Y la primera y más básica para Venezuela es que paga con petróleo. Luego, hay otras condiciones hasta ahora desconocidas.

El off-shore que suponen las ZEE podrían ser parte del paquete de condiciones que impone China para continuar los empréstitos y flexibilizar los existentes, ante la baja de la cesta de crudo venezolano. A eso hay que sumar como condiciones suaves los ingentes contratos que adquieren empresas chinas para la construcción, pero también la importación masiva de productos de línea blanca, marrón, vehículos particulares y de transporte.

No hace falta tanto, Nicolás, pero ya que insistes.

No hace falta tanto, Nicolás… pero ya que insistes.

Haciendo una revisión de la Ley de Regionalización Integral para el Desarrollo de la Patria (sí, así se llama), ésta estipula además de la exención de impuestos, liberación de restricciones aduaneras para la importación de materia prima y otros estímulos, la obligación de ‘satisfacer el mercado interno’. Sin embargo, las empresas operativas solo podrán vender sus productos a la limitada cadena de empresas del Estado o cadenas establecidas por las propias empresas, sus casas matrices, o destinar la producción a la ‘libre exportación’. Manera rebuscada de decir que están ahí para exportar. Así que se trata de enclaves de producción para la exportación y el comercio intra-industria (de vuelta a China), con total salvaguarda y exención de obligaciones normalmente impuestas por el Estado nacional. Este tipo de arreglos producen pocos beneficios si requieren bienes de capital y materia prima importada, ya que no generan encadenamientos productivos en las zonas donde están instaladas y, además, ni siquiera generan tributos al Estado. Escasamente proveerán ciertos empleos locales que las propias compañías consideren necesarios.

Es cierto, China en su papel de financista no impone que el Estado se ajuste a los fundamentos macroeconómicos del libre mercado; esa no es su agenda, al menos por ahora. Va más allá, obliga la efectiva retirada del Estado de manera selectiva para que sus empresas produzcan y exporten desde el territorio venezolano sin costo u obstáculo alguno.


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El lugar de Venezuela en el mundo: tumbando algunos mitos

Raúl Cárdenas F.

Ahí está... ese puntico

Ahí está… ese puntico

Desde hace unos años, chavistas y anti-chavistas han fabricado fantasías a la medida de sus egos tipo hummer para identificar el lugar de Venezuela en el mundo. Es comprensible, todos tenemos deseos de grandeza; cada pueblo se siente el elegido, solo que con la experiencia se ven obligados a ver la cruda realidad o siempre vivir de sueños. La primera fantasía tiene que ver con la importancia ‘geopolítica’ de Venezuela y su petróleo. En síntesis, Venezuela es epicentro del mundo. Así, sobredimensionan el único recurso real que algo de poder le da a ese país semi-periférico que poco determina los destinos del planeta.

En estos días vi un video que circulan los amigos revolucionarios internacionales que trata de explicar lo que sucede en Venezuela. Su mirada ‘geopolítica’ muestra que cuanta cosa ocurre en el país –y fuera de él– está de una forma u otra relacionado con la sed de petróleo de los Estados Unidos. Las protestas de estos meses tiene, en el fondo, un sustrato energético organizado de forma remota desde Washington y sigue el ‘guión’ (en singular) de Siria, Irak, Libia y Ucrania (todos éstos, obviamente, la misma cosa).

Esa mirada ‘geopolítica’ ignora que Estados Unidos está reduciendo drásticamente su importación de petróleo, cediendo espacio a nuevas tecnologías y nuevas fuentes energéticas. Además, cuenta con la provisión segura, cercana y hasta económica del petróleo pesado de las arenas bituminosas de Alberta, en Canadá. Dicho sea de paso, éstas tienen reservas muy cercanas a las de, léanlo bien, la Faja Petrolífera del Orinoco, Hugo Chávez. Es cierto, a Washington no le gusta el chavismo y apoyarán su reemplazo, pero en su lista de prioridades probablemente haya otros top-candidates.

Esa geopolítica barata también ignora al gran consumidor de petróleo del mundo en la actualidad: China. Este es el principal importador de toda la economía global y sin invadir, sin golpe suave, ni aplicar condicionamientos tortuosos, ha asegurado que mucho del petróleo bajo el subsuelo de Venezuela le pertenezca. ¡Ya pagó por él! Y lo sigue haciendo. Además de los 50 mil millones de dólares en préstamos a la República, pagaderos en barriles constantes y sonantes, cada préstamo de PDVSA para continuar operaciones en la Faja, son también condicionados por petróleo a futuro. Alrededor de 500 mil barriles de petróleo diarios que Venezuela exporta ya están pagos, es decir, plata que no le entra a PDVSA y la República. La izquierda continental no tiene reparos ante tal compromiso de soberanía frente a una potencia extranjera.

De aquella centralidad geopolítica, surge otra fantasía. A decir de los revolucionarios: Venezuela es imagen y ejemplo de todas las luchas sociales de la región. Sirve esto además como chantaje para sus descontentos internos: si no votan por la Revolución, no sólo ponen en riesgo los espacios ganados  sino toda la gesta emancipatoria latinoamericana. Para los anti-chavistas no es muy diferente: la región está llena de una cuerda de mantenidos que viven del petróleo venezolano.

Llamémosle errores, con respeto.

Llamémosle errores, con respeto.

Cada vez es más evidente que esto no es así. Venezuela es más singular de lo que se pensaba y ahora se encargan de recordarlo sus propios aliados internacionales. Rafael Correa en estos días reconoció, con ‘mucho respeto’, que en Venezuela se han cometido muchos errores en el ámbito económico. No dio detalles sobre esos errores ni los problemas que éstos acarrean. No hizo falta, pues son por todos conocidos. Casi en simultáneo, el nuevo líder sentimental de la izquierda suramericana y ‘presidente pobre’ de Uruguay, Pepe Mujica, criticó el ambiente de confrontación que se vive en Venezuela y dijo que así ‘nadie puede gobernar’. Ambos, se sumaron a Lula Da Silva, quien semanas atrás le había pedido a Nicolás Maduro que se concentrara en gobernar y asomó la posibilidad de un gobierno de transición.

La solidaridad automática de los presidentes ‘amigos’ con los gobiernos del PSUV está cuestionada. Ello tiene que ver con la necesidad de estos gobiernos de marcar diferencias con respecto a la Venezuela de Maduro y con su modelo económico y político. Ni el socialismo boliviano, país que no está dolarizado, cuenta con una inflación cercana a la venezolana ni una dependencia en los hidrocarburos comparable. Ambos, Bolivia y Ecuador, nacionalizan, intervienen en la economía, pero mantienen un mínimo de racionalidad en el manejo de sus cuentas, sobre todo de sus reservas y un gasto fiscal progresivo pero no fuera de sus propias posibilidades. En pocas palabras, Correa se refería a esos ‘errores’.

El modelo político que defiende el chavismo y ha hecho llamar ‘democracia participativa’ se reduce a una base elemental: ganar elecciones. De ahí parte todo su andamiaje de legitimidad. Nosotros ganamos, ustedes pierden, cálensela. Al estilo bully de barrio, los partidarios de este modelo consideran poco importante cómo se gana elecciones y qué se hace con el poder después de ganar. Mujica llamó la atención precisamente a ese modelo y lo criticó sin hacer mucho ruido.

Hasta hace poco, estas fantasías de la centralidad geopolítica y el apoyo de los vecinos progresistas habían hecho rabiar a muchos opositores que denunciaban la no-intervención en el affair guarimbero como resultado de la dependencia que ese gentío tiene en Venezuela. Denunciaban la aplicación de un bozal de arepa a países en toda la región. ¡Incluyendo a Brasil! Y algo es cierto, la cooperación venezolana es fundamental para la supervivencia de muchos países del Caribe y quizás ahí se pueda encontrar respuestas a los últimos votos de la Asamblea General de la OEA. Pero un cambio en el gobierno venezolano o en su política de cooperación haría tambalear más al gobierno de San Cristóbal y Nieves que al de Bolivia.

El silencio de estos gobiernos frente a los asuntos internos de Venezuela es porque desean el mismo trato en caso de una confrontación similar dentro de sus fronteras. Podemos sospechar que esa no intervención se mantendrá en el futuro. Sin embargo, algunos seguirán poniendo distancia… así, ‘con respeto’, frente a ese modelo muy singular que representa el chavismo en la región.